Archivo para octubre, 2012

Estrellas en la laguna

Se me ha caído el cielo a la laguna, y ahora flotan estrellas a la deriva. Miles de alfileres pinchados en el agua, y un agujero negro dentro de una burbuja. Un manantial de soles mojados, todos iluminados por la inmensa Luna. Hoy no tengo ganas de manchar el papel, sólo de escuchar en tu cuerpo la lluvia.


Marshall

Tiene la suerte de poder desaparecer cuando le viene en gana tan fácilmente como ocultándose detrás de unas toallas tendidas.


Las partes de un todo (4): la “Casa de los picos”, Segovia

Serie fotográfica: “Las partes de un todo”
4: Casa de los picos (Siglo XV).
A diferencia de la “Casa de las conchas” de Salamanca, toda su fachada (excepto ventanas y puertas) está cubierta de sillares tallados en punta de diamante. El pueblo bautizó a este edificio con sencillez.


El escritor y el fotógrafo

El buen escritor es capaz de hacernos ver lo que no existe.
El fotógrafo sólo puede jugar a ocultar lo que ya existe.


Una historia inventada en Cádiz

El coche aún marchaba lento cuando ella se bajó corriendo, entre risas y gritos de alegría. “¡Tendrás que cogerme, tendrás que cogerme!”, gritaba jocosa. El vestido rojo, recogido en su mano derecha, se tambaleaba sumisamente, mientras el peinado de sus cabellos dorados parecía mágicamente anclado a su cabeza, y no se descolocó ni por un momento. Él, con su impoluto traje negro y su corbata roja, paró el coche y saltó asombrado, inseguro pero convencido por alguna fuerza interior (que nunca había sentido) de que debía seguirla allá adonde fuera, allá adonde le llevara. Con paso uniforme la miraba de lejos. Ella, coqueta, hizo esfuerzos para no mirar atrás, concentrada en no resbalar con los adoquines de la empedrada callejuela que hervía con el calor del verano gaditano. El gentío obviaba su juego amoroso en la distancia; una escena callejera sólo es importante para sus protagonistas, absortos en su propia realidad ajena al resto del mundo. La luz del sol, como un gran aliado del joven trajeado, impactaba contra el rojo intenso del vestido para que no perdiera su objetivo. Y aquel rojo intenso parecía incrementarse a cada paso, como los latidos de su corazón. En su mano izquierda aún sujetaba la carta de amor que él le había entregado justo antes de saltar del coche, y que finalmente les uniría para siempre, cuando ella diera por finalizada aquella divertida persecución inventada de la que quería perder cuanto antes.

Y finalmente ambos ganaron. Aunque todo no sea  más que la invención de un fotógrafo con demasiada imaginación.


1876

Aun desconociendo el mes exacto, si nos atenemos al año fijado en su parte superior, cuando esta puerta con la que me topé en Segovia fue instalada, España (reinando Alfonso XII) firmó la paz con Paraguay en la Guerra de las Cuatro Alianzas; Colorado fue admitido como miembro de EE.UU.; terminaron las Guerras Carlistas en España; Wagner estrenó “El ocaso de los dioses”; Benito Pérez Galdós publicó “Doña perfecta” (y Mark Twain, “Las aventuras de Tom Sawyer”); nació Manuel de Falla; y, por primera vez, sonó un teléfono en La Tierra: Graham Bell lo acababa de inventar.

¿Qué pensará al ver mi cámara de fotos apuntándola?


Cómo escapar

¿Cómo puede un árbol escapar de morir ahogado?