Descomponiendo trazos

Sé que voy a perder antes de haber jugado.
Mi destino es ocultarme cada noche en tu regazo.
Más que componer relatos, descompongo en trazos
lo que dije ayer, lo que he soñado.

Miro alrededor, con mis ojos de bicho raro,
que sin condena, cárcel ni perdón se siente ya apresado.
Y calmar mi desazón con lo único que queda claro:
Qué fácil es rimar mi boca con tus labios.

Nadie nunca podrá entender estos ojos llorados.
Nunca nadie podrá leer esta mirada perdida.
No hay presente, mañana ni pasado.
Siempre es el mismo día que al oído me grita.

Seré el puntal de tu risa cuando a plomo caiga.
Pero es la sombra de su tristeza, no te engaño,
La que hunde mis cimientos y parte el forjado
de mis costillas, de mi alegría, de mi sangrante herida.

No sé si volveré a esta ciudad maldita.
Donde las negras sombras confunden árboles
con el perfil de rascacielos asonantes.
Siempre supe que lo que ven mis ojos es mentira.

Llevo seiscientas noches sin dormir.
Me quedan seiscientos días sin vivir.
Y guardo seiscientos sueños por cumplir.

Juego en tu regazo los trazos de lo que he soñado. 
Raro es estar apresado en el claro de tus labios. 
Llorados mis ojos, perdida mi mirada, el pasado me grita. 
Que caiga el engaño del forjado de mi sangrante herida. 
La ciudad maldita de los árboles asonantes es mentira. 
Dormir, vivir y sueños cumplir me cuesta seiscientos días. 

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