Seres

Toda la Calle Mayor de Alcalá de Henares tiene dragones castigados. Se me antoja pensar esto al verlos apuntando a las aceras por las que pasean vecinos y turistas compartiendo el mismo aire. Semejantes seres fantásticos no podrían padecer mayor castigo que mirar a tierra de por vida. Por eso pienso que están castigados, que algo habrán hecho para apoyar eternamente sus puntiagudas bocas en la adoquinada calle. Los pórticos de esta y otras aledañas vías, junto con sus balconadas de madera, me hacen pensar que estoy en Castilla-La Mancha, que esto no puede ser Madrid. Pero lo es. Y tanto allí como aquí mirar al suelo es un cruel castigo para quien es capaz de escupir fuego por la boca y posee alas adosadas en el lomo. Pero supongo que de nada sirve la imaginación cuando la gravedad se ensaña con uno hasta convertirlo en un desagüe de lluvia.
Pasa un ser humano al fondo y me parece que no es sólo un recurso fotográfico para compensar la escena, sino el contrapunto perfecto a los dragones: la libertad de la realidad paseando frente a la inútil imaginación de quien existe sólo convertido en un inanimado ser de metal.

Y no sé de quién tengo envidia.

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