Quisiera escribir…

Quisiera escribir que todavía queda tiempo para todo. Que apenas hemos caminado por la superficie de un universo que nos lleva miles de millones de años luz de ventaja. Quisiera seguir creyendo en que no existen ni razas ni colores, porque sólo nuestros ojos son los que hacen distinciones. Quisiera eliminar todas las fronteras, porque la respiración de un ser humano es la misma en cualquier lugar del mundo, y permitir así la entrada de culturas y pensamientos que nos saquen de nuestra unidireccional mirada estúpidos egocéntricos. Quisiera que me trataran de igual a igual, que me miren a los ojos al hablar, que tomaran en cuenta mis palabras, sin importar lo tonto que soy y que mi currículo esté lleno de carencias. Quisiera poder viajar sin salir de mi país, hablando con razas y religiones pacíficas y tolerantes, porque ningún dios permitió tortura ni masacre; y si lo hizo, no era dios, sino terrenal invención. Quisiera poder mantener mis principios de adolescente libre, ideas ingenuas y a ratos infantiles, con las que cimenté unos pies débiles que a cada ataque tropiezan, pero siguen levantándose con cada vez más rabia que mansedumbre. Quisiera que la cultura no fuese impartida en las escuelas, sino disfrutada sin obligación y con verdadero placer en los lares. Quisiera que se mostrara un poco más de respeto por nuestra lengua; que quienes la usen profesionalmente mostraran su valía acudiendo a ese extraño desconocido que llaman “diccionario”, para saber que “lar” no es “lugar”, sino “hogar”, que ni “fé”, ni “vió”, ni “dió” gastan tilde, que un “sobretodo” es un abrigo, y sobre todo que las leyes gramaticales no son opcionales, entre otras obviedades. Quisiera que los himnos no hablaran de poder, religión, ambición, guerra y sangre, sino de las verdaderas cualidades de sus países y hogares. Que todo el mundo pudiera buscar palabras simples y básicas como “libertad”, “justicia” o “amnistía” en sus ordenadores y en sus cotidianas vidas. Que la justicia no sea un lujo que se decida por la cantidad de ceros en los bancos, sino por gravedad o levedad de hechos demostrados. Que nadie se crea mejor ni peor por tener un dios a quien rezar. Que los ateos también tengan su trozo de cielo, aunque esté en la tierra por tiempo limitado; porque aunque para ellos no existan los pecados, tienen conciencia y condición de humanos. Quisiera que descolgaran todas las banderas de los balcones e instituciones para cubrir los cuerpos de los que se mueren de frío y hambre. Quisiera que fueran las personas las rescatadas y los bancos (de verdad) controlados y penados. Quisiera no tener como recompensa si me despiden un embargo; que no me echaran de mi casa si son ellos los que rompen mi contrato. Quisiera no ser esclavo de por vida porque querer vivir una vida. Quisiera que los que viven ostentosas existencias aplastando a los modestos se vean despojados de su más preciosa posesión: el dinero; pues ni amor ni salud en el corazón pueden albergar semejantes carroñeros. Quisiera poder escribir “que es de todos, y que todos los hombres pueden más que uno solo.” Quisiera poder escuchar el latido de mi corazón desacompasado, porque miles de almas no pueden pensar al mismo tiempo, y cada tiempo tiene su pensamiento. Quisiera que fuera más fácil reconocer los errores, pedir perdones y suplicar condonaciones. Porque en realidad todos nosotros somos los tripulantes de este pequeño avión en medio de una gran tormenta, pero si hay motín a bordo quizá no haya paracaídas para todos.

Quisiera poder escribirlo, pero de nada sirve si quienes tienen que leerlo siguen pensando que sólo tengo derecho a guardar silencio.

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