Púlpitos

Toledo se me queda grande para una sola entrada. Incluso cada uno de sus monumentos, cada una de sus calles, cada uno de sus edificios merecería un protagonismo individual. Toledo es una de las ciudades que más me atraen, arquitectónica, histórica y culturalmente. Y también misteriosamente, por qué no. Y es que el misterio no son sólo ruidos del viento convertido en fantasmas por mentes demasiado aburridas, sino quizá un pequeño escalofrío al pasear por su judería e imaginar estos rincones hace siglos, descubrir una gárgola escondida a la vuelta de una esquina o recordar las muchas historias convertidas en leyendas. De mi última visita me quedo sin un motivo especial con esta instantánea de uno de los impresionantes púlpitos del Monasterio de San Juan de los Reyes, uno de los ejemplos de arquitectura gótica-flamenca más destacados de España. Hoy me imagino que miles de personas en toda España y en todo el mundo usan púlpitos para expresar sus ideas. Pero no son púlpitos góticos levantados a base de esclavitud física o moral, sino acaso una caja de madera tirada en el suelo de cualquier calle. Púlpitos que no tienen ayudas oficiales, y seguramente gracias a eso gozan de la libertad, pluralidad y consenso propios de la convivencia sin intereses poderosos. Por eso hoy admiro este monumento vacío: me atraen poderosamente el tratamiento de la piedra, el enrevesado entramado de motivos superpuestos, la arquitectura perfecta conservada a lo largo de los siglos en forma de auténtica obra de arte esbelta, estética y ornamental. Pero finalmente, como en todo lo importante de la vida, lo que realmente cuenta no es el continente, sino el contenido. Y en ese sentido prefiero los púlpitos vacíos en las catedrales y las calles llenas de personas e ideas.

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