Archivo para julio, 2012

Sinsentido (1)

Las horas en el tejado buscando cometas, las carreras en bicicleta, los estúpidos libros devorados en la oscuridad de la madrugada, la radio sonando en la cama, mis fotografías en tu cartera, todas las revistas carcomidas por el tiempo, la mágica soledad de mi refugio en invierno, el agua de mis lagunas, todas las derrotas y las infructuosas luchas, las sombras en la pared del sótano, las cintas VHS y los casetes perdidos, la chimenea en navidad, los paseos por la ciudad, el calor de la capital, Palacio y sus jardines, la música que torpe toqué en mi teclado, las miles de letras escritas en ningún lado, los escenarios de los conciertos que me inventé, los premios que fueron y el futuro que no es, aquellos pósteres colgando en mi habitación, las mesas de la redacción, el olor de los periódicos recién traídos de la imprenta, mi rodilla rota y mi alma tonta, los abrazos que me apetece y no me atrevo a dar, las carreras de coches y los discos de Mike Oldfield, mi sedentaria vida y mi teléfono móvil,  todas las fotos que colman mis blogscreerme lo que no soy, el cemento hoy resquebrajado del camino que recorrí una y otra vez siendo niño…

Todo carece de sentido, como el aire que sale de mis pulmones y lo contamina todo sin permiso.

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Tim +

He de reconocer que respecto a Mike Oldfield soy un auténtico “friki”. Conozco su discografía y la mayoría de los músicos que han tocado con él a lo largo de casi cuarenta años de trayectoria. Reconozco también que conocer a cualquiera de ellos es siempre un honor para mí. El 5 de octubre de 2008, mi cumpleaños, pensaba acercarme a Madrid para asistir al concierto de Suzy & Los Quattro, cuyo teclista invitado aquella noche era Tim Cross, un clásico músico en la discografía de Mike Oldfield. Tim compuso junto al propio Mike varios de sus temas míticos, como Family Man, Orabidoo o Taurus II, y participó en sus giras no sólo como teclista, sino como director musical en el escenario. Desgraciadamente para mí, días antes del concierto en Madrid sufrí un accidente de tráfico: regresando del trabajo en bicicleta un coche se saltó un ceda el paso y me arrolló, lesionándome la espalda. Me perdí el concierto.  Varios compañeros de pasión musical sí pudieron ir, y lo que me contaron a la vuelta me dio más envidia todavía: Tim Cross no sólo no renegó de su pasado con Mike Oldfield, sino que interpretó en el descanso del concierto algunas improvisaciones de clásicos como Tubular Bells especialmente para aquellos pocos seguidores de Oldfield presentes. Por si fuera poco, al término del concierto, no tuvo reparo en bajarse del escenario y tomarse unas cañas con ellos, charlando e incluso intercambiando sus direcciones de correo electrónico. Mis amigos me trajeron, para compensar que me perdiera esa velada, un autógrafo con dedicatoria incluida de Tim. Cuatro años después de aquello, comprendo al verlo que un tipo que traduce su apellido gráficamente en su autógrafo tiene que tener un sentido del humor especial. Sobre todo si me felicita por mi cumpleaños con un divertido dibujo.  Siempre pensé que habría otra oportunidad para conocerle, sobre todo si era tan abierto.

Desgraciadamente hoy recibo la noticia de que Tim ha perdido una larga batalla contra un cáncer de pulmón y nos dejó a principios de este mes. Y supongo que uno no tiene derecho a sentirse triste por perder a alguien a quien nunca conoció.

¿O quizá sí?

“Hey, Héctor!

Watch out for the cars! I missed playing on Platinum because I got run over. 
Enjoy your birthday. 
Love, Tim +”


Retrospectiva

Si te he fallado, si las expectativas no se cumplieron, si los ánimos se olvidaron en el bolsillo, si tu confianza se quedó huérfana, si te decepcioné, si no me lo perdonas, si este proyecto se abortó, si desisto y me rindo, si acepto mi estupidez… 

Te recuerdo lleno de esperanzas para el futuro. Te recuerdo ilusionado, pensando qué proezas sería capaz de lograr por méritos propios. Te recuerdo escribiéndome mensajes que atravesarían el tiempo, que hoy llegan amarillentos como alfileres clavándose entre los dedos. Te recuerdo corriendo libre por los cerros, bañándote desnudo en el río sin complejos. Te recuerdo mirar el cielo estrellado en las noches de verano y pensar que algún día cogeríamos alguna de esas estrellas con las manos. Te recuerdo escuchando en tu cuarto extrañas canciones que nadie entendía, leyendo al mismo tiempo libros prohibidos y olvidados. Te recuerdo atravesar los caminos con tu bicicleta rota, levantando una polvareda de adrenalina por la orilla del río, descubriendo cascadas y manantiales, cuevas y enjambres. Te recuerdo diciéndome que creías en mí, que yo era diferente, que algún día nos encontraríamos: tú, con tu bicicleta rota; yo, con mis estrellas inalcanzables.  Pero soy el mejor incumpliendo promesas; a estas alturas ya lo sabes.

…me convertiré en un río negro que desemboca en la vieja laguna, tan profunda que nunca nadie verá su verdadero fondo. 


Sigue ¿tu? camino

“Sé obediente. Estudia, trabaja, cásate, ten hijos, hipotécate, mira la tele, compra muchas cosas. Y, sobre todo, no cuestiones jamás lo que te han dicho que tienes que hacer” (Peter Joseph)

<<Desde el día en que nacemos se nos adoctrina para que nos convirtamos en empleados sumisos y consumidores voraces, perpetuando el funcionamien­to insostenible del sistema. Así es cómo, al entrar en la edad adulta, seguimos la ancha avenida por la que tran­sita la mayoría olvidándonos por completo de seguirnos a nosotros mismos, a nuestra voz interior. Por el camino nos desconectamos de nuestra verdadera esencia -de nuestros valores y principios más profundos-construyendo una personalidad adap­tada a lo que nuestro entorno más cer­cano espera de nosotros. Si bien la sociedad y la tradición ejer­cen una poderosa influencia sobre cada uno de nosotros, en última instancia so­mos libres para tomar decisiones con las que construir nuestro propio sendero. Es una simple cuestión de asumir nuestra parte de responsabilidad. Sin embargo, tomar las riendas de nuestra existencia nos confronta con nuestro miedo a la libertad. Prueba de ello es que tendemos a ridiculizar procesos y herramientas -como el autoconocimiento y el desa­rrollo personal- orientados a cambiar nuestra mentalidad. Al obedecer las directrices determina­das por la mayoría, hacemos todo lo po­sible para no salirnos del camino trilla­do, rechazando sistemáticamente ideas nuevas. En caso de sentirnos cuestionados sole­mos defendernos impulsivamente por medio de la arrogancia, muchas ve­ces disfrazada de escepticismo. Esta es la razón por la que solemos ponernos a la defensiva frente a aquellas personas que piensan distinto. Al mostrarnos sober­bios e incluso prepotentes, intentamos preservar nuestra rígida identidad. Si seguimos posponiendo lo inevitable, la arrogancia suele mutar hasta convertirse en cinismo. Sobre todo tal y como se entiende hoy día. Es decir, como la máscara con la que ocultamos nuestras frustraciones y desilusiones, y bajo la que nos protegemos de la insa­tisfacción que nos causa llevar una vida de segunda mano, completamente pre­fabricada. Tal es la falsedad de los cíni­cos, que suelen afirmar que “no creen en nada”, poniendo de manifiesto que en realidad no creen en sí mismos.>>

“Un niño fue al circo con su padre y quedó fascinado con un enorme elefante, de fuerza descomunal. Al terminar la función, el chico vio cómo el domador ataba una de las patas del animal a una pequeña estaca clavada en el suelo. ‘Papá, ¿cómo puede ser que el elefante no se escape?’, le preguntó. ‘El elefante no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que nació. Al principio trataría de soltarse, empujando con fuerza. Pero  siendo un elefantito, la estaca era demasiado resistente para él. Y así continuó hasta sentirse agotado, impotente y, finalmente, resignado. Ahora ya ni se lo plantea’.”

Extracto del artículo “¡Que cambien los demás!”, de Borja Vilaseca, publicado en “El país semanal” el 15 de julio de 2012.


Songgaar

Prácticamente en el centro geográfico de Asia se localiza la República de Tuva. En las aldeas tribuales todavía se habla el tuva, una de las miles de lenguas del planeta en peligro de desaparición. La globalización extiende los idiomas más populares y extingue los minoritarios. Los tuva, pastores nómadas en sus orígenes, tienen un concepto diferente al nuestro respecto al tiempo: la palabra “songgaar” hace referencia al futuro pero, al mismo tiempo, es el verbo “retroceder”. Del mismo modo, “burungaar” significa pasado y también es el verbo avanzar. Y es que los tuva creen que el pasado está delante de nosotros, al que damos la cara, pues ya conocemos lo que hemos vivido; el futuro, por el contrario, queda a nuestra espalda, pues desconocemos qué nos deparará. Según los tuva, somos caminantes que andamos de espaldas, ignorando qué nos deparará el futuro. Me imagino a un montón de tuvas caminando de espaldas, con sus tropiezos lógicos, con los ojos intentando infructuosamente vislumbrar el futuro, con el miedo a caer y equivocarse… Pero sin detenerse. Y pienso que quizá tengan razón: nadie sabe cuál será su siguiente paso, si habrá barro o cemento, si correrá o se torcerá el tobillo. Pero en cualquier caso todos sabemos que tenemos que darlo. Y, en ese extraño sentido, todos vamos de espaldas.


Mount Teidi

Durante estos días, ante la avalancha de noticias políticas (sin duda importantes), no sólo los ciudadanos se están quemando: los incendios arrasan buena parte de España. Hablan de hectáreas y hectáreas como si fueran gotas sin importancia en una lluvia plomiza. Pero poco a poco nuestro suelo se desertiza ante nuestra más o menos desidia: nos preocupamos cuando el resplandor anaranjado ilumina nuestras viviendas amenazándolas, pero no denunciamos el poco mantenimiento que existe en nuestro campo para prevenir los incendios.
Los discos de Mike Oldfield son como el buen vino: cuantos más años pasan más los aprecio. Y de entre ellos aparece hoy un tema nada trascendental, en absoluto conocido, ni siquiera destacable de entre su extensa discografía. Pero por alguna razón toma un cariz especial estos días. Mike estuvo en Tenerife hace treinta años, y en ese viaje quedó impactado por los paisajes del Teide. De regreso a su casa inglesa, donde tenía su propio estudio de grabación, empezó a transformar aquel paisaje en notas. Y así nació “Mount Teide”. Un error tipográfico debido a la pronunciación inglesa hizo que en algunas ediciones se lea “Teidi” en vez de Teide. Desgraciadamente no es un error tipográfico cuando leo: “Dos mil hectáreas quemadas en Tenerife”. Ojalá mañana las noticias no hablaran de hectáreas quemadas, sino repobladas.


Eres perfecto para otros

La semana pasada recibí mi tarjeta de donante de órganos. Dentro de la campaña “Eres perfecto para otros”, la Organización nacional de trasplantes (ONT) pone a disposición de todos la posibilidad de solicitar esta tarjeta. En realidad llevaba meses pensando en pedirla, pero no me había decidido hasta ahora. ¿Por qué? Básicamente porque en realidad esta tarjeta es simbólica y carece completamente de valor legal: cuando alguien fallece, el equipo de coordinación de donantes del hospital pide permiso siempre a la familia más cercana, que es quien debe darlo para usar los órganos del finado para salvar o mejorar otras vidas. El gasto que supone la impresión y el envío de estas tarjetas me parecía, pues,  innecesario. Pero finalmente llego a la conclusión de que si estos gestos (y la campaña mediática correspondiente) sirven para concienciar a la sociedad y aumentar así el número de donantes, todo gasto es poco; bastante se despilfarra en otras acciones de fines más que dudosos pero aceptados por la sociedad. En cualquier caso, desde hoy llevo mi tarjeta de donante en mi cartera, pero la ONT pide que expresamente comuniquemos a nuestra familia y a cuanta más gente mejor nuestro deseo de donar nuestros restos para fines médicos en caso de fallecimiento. Y en eso estamos.