Síndrome de Estocolmo

No hay peor remedio para curar al enfermo que inyectar cien mil millones de bacterias capitalistas. El ciclo sigue; ellos están contentos. Es lo que quieren: que la crisis estafa no acabe; es muy rentable. Todos tendremos más: los más ricos, más dinero; los más pobres, más pobreza. Lo que no dijeron es que con el rescate ahora somos nosotros los secuestrados. Pero la anestesia nos adormece y atonta; las calles están vacías, y apenas unos pocos se concentran en alguna plaza ante la inquisidora mirada de fascistas que vivían mejor en una dictadura y no tenían que “soportar” a tanto liberal suelto. Hoy podemos hablar, gritar, salir a la calle. Pero nos quedamos sin ambulatorios, sin derechos laborales y sin dignidad y seguimos enclaustrados en nuestras casas animando a nuestra selección aireando banderas que huelen a rancio, paseando “con orgullo” el nombre de nuestro país ante las sonoras risas de los griegos.

Debemos tener un acusado síndrome de Estocolmo.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.