Devorado por la niebla

Sólo quedó la mañana acomplejada,
triste porque hoy no ha salido el sol.
Sólo quedó la puerta entornada,
y una sombra perdida dice adiós.

Fuera ya está amaneciendo,
con fuerza un sol negro,
marchitando el sueño eterno,
riéndose de mis besos.

Y vuelve la niebla a caer,
fundiendo suelo y cielo,
cubriendo con su velo mi cuerpo,
que ni mira ni deja ver
lo que oculto llevo dentro.

Aún quedan monedas que tirar a la fuente de las mentiras,
y hasta que la mar reviente contra la orilla,
seguiré riendo solo, seguiré de puntillas,
esperando que la niebla me deje de nuevo de rodillas.

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