Archivo para mayo, 2012

Su sueño cumplido

Se van ocultando los brillos del sol en mi pequeña ciudad sin rascacielos. Se van desplegando las sombras anaranjadas de las farolas que empiezan a despertar en mi calle dormida. Tumbado en la cama acosado por el calor de una primavera sedienta, recojo en mis manos los sentimientos de papel de una amiga en la distancia. Y al abrir sus páginas sobrevuelan en mi habitación sensaciones extrañas, ajenas, pero tan cercanas, tan humanas y tan sinceras que desafían la timidez de quien es incapaz de desnudarse en un libro. Y verso a verso voy comprendiendo y aceptando que todos somos humanos, que el miedo y la valentía van de la mano, que el amor y el deseo son el combustible de nuestro corazón, y que coartar su voz es un homicidio en primer grado.
Ana lleva tiempo luchando, y de tanto luchar ha salido ganando. Sus trofeos son la gente que la quiere, un hombre que la ama, un hijo que la idolatra y un libro donde ha recopilado el largo y duro viaje contra una enfermedad incomprendida y otras visiones personales. Sumergirse en ellas ha sido mirar cara a cara al abismo, y dejarse llevar (también) por esa imaginación a ratos apasionada, a ratos pícara, a ratos picante, a ratos desbordada. El placer de pasar las páginas físicas de su obra en un mundo digital desprovisto de alma ha sido reconfortante. Sobre todo cuando no se trata de uno de esos inventos comerciales llamado “best seller”, sino el fruto de una pasión, una necesidad de compartir sentimientos, una cabezonería empujada por amigos y familiares realizada para seguir sintiendo y, quién sabe, seguir componiendo más versos. Su libro late, palpita, está vivo. Quizá un profano en poesía como yo no pueda valorar en toda su magnitud esta obra, pero ha disfrutado de cada página y entiende que detrás de cada palabra hay un mundo, una sensación, un pensamiento… Y una valentía que más quisiera uno.
Duerme la cálida noche en mi pequeña ciudad. Duerme entre árboles susurrantes por el leve viento de madrugada. Duerme y doy las buenas noches sin tardar. Sobre mi mesilla reposan “a solas” los “rincones de mujer” que mi amiga me ha regalado. Es un pequeño que respira y palpita, que ha estado jugando con mis dedos toda la tarde y pide su descanso al ser acabado. Así que quito el “marcapáginas” y le dejo reposar bajo la atenta mirada luminosa de mi lámpara de noche. Lo miro y sonrío, lo miro y reconozco la ilusión vertida en su tinta, la satisfacción de ver un sueño cumplido. Su sueño cumplido que, con permiso y por esta noche, también será mío.

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Imagen fantasma

El romper de las olas contra la solitaria playa competía en intensidad con la fuerza del viento del Atlántico. Cada atisbo de realidad parecía querer desaparecer con cada brillo del horizonte, como una fuente de oro, derramando litros y litros de luz. La tarde era tan clara que se veía al ocaso llover literalmente sobre el mar. Todo se antojaba tan mágico que estaba claro que en cualquier momento me iba a despertar. Y justo entonces las nubes comenzaron a llegar para llenar un lienzo azul que fue difuminándose poco a poco con blancos y grises, casi tan lentamente como el sol dejándose caer, con nubes errantes que de su caminar me hipnoticé. E hipnotizado me olvidé del tiempo que pasé esperando en la orilla, escuchando viento y marea, respirando la calima y el aroma a salitre. Recibí el golpe de la realidad brillante, fruto de una imaginación tan rica que fue capaz de inventarlo todo, olas, playa y Atlántico, pues tan sólo estoy solo en mi cueva de grises paredes carcomida por la humedad del aire viciado que revienta mis pulmones.

Pero, sin saber cómo, al apretar el disparador en plena oscuridad, apareció esta imagen.


Danger

“El peligro no es cuestión de un par de golpes; el peligro es no saber adónde ir. El peligro es no encontrar jamás tu sitio, y sentir que ya llegaste sin salir.” Dispara el inimitable Carlos Goñi sus preciosas balas en forma de canción. Y sus disparos musicales atraviesan sin compasión mi corazón, hasta hacerlos trizas. Toda subida implica un riesgo. El peligro de ascender es el miedo a caer. ¿Cuántas veces nos quedamos en tierra arrepentidos de no dar el salto? Algunas veces las advertencias surten el efecto contrario y animan a los insensatos. Y se produce el desastre. ¿Disuadió a alguien esta señal? El tipo de arriba parece mirarme desafiante, orgulloso de su logro particular, obtenido gracias a su esfuerzo personal. Yo me quedo abajo, siempre abajo, mi lugar eternamente. Y nunca descubriré si soy precavido o cobarde. Y nunca descubriré cuál es mi lugar. Porque “correr dicen que es cosa de cobardes.”


Equilibrio

¿Cómo se hace para guardar a diario un equilibrio tan perfecto y sencillo, y regalar al mismo tiempo sonrisas tan naturales a un perfecto desconocido? Sigo buscando, aunque en el intento, y como un idiota frente a semejante demostración de talento, se me caiga al suelo la tapa del objetivo.


Devorado por la niebla

Sólo quedó la mañana acomplejada,
triste porque hoy no ha salido el sol.
Sólo quedó la puerta entornada,
y una sombra perdida dice adiós.

Fuera ya está amaneciendo,
con fuerza un sol negro,
marchitando el sueño eterno,
riéndose de mis besos.

Y vuelve la niebla a caer,
fundiendo suelo y cielo,
cubriendo con su velo mi cuerpo,
que ni mira ni deja ver
lo que oculto llevo dentro.

Aún quedan monedas que tirar a la fuente de las mentiras,
y hasta que la mar reviente contra la orilla,
seguiré riendo solo, seguiré de puntillas,
esperando que la niebla me deje de nuevo de rodillas.


La cordura de los locos

La ventana está cerrada. Quisiera abrirla y gritarle al mundo: “¡Estoy vivo! ¡Estoy vivo! ¡Todavía respiro!”. Pero la luz me daña las pupilas cada vez que me acerco al marco de madera carcomido por el tiempo. Nada tiene sentido aquí dentro: el aire está corrompido, hay una humedad mortal que cala hasta los huesos, y el silencio es tan penetrante que los tímpanos revientan sin concesión. No es el miedo a morir lo que me impide luchar, sino la creencia de no tener derecho a hacerlo. No es la soledad lo que me asusta, sino arrastrar a mi acompañante a esta habitación con puertas sin pomo, con marcos sin fotos, con la cordura de los locos. Y quedarnos aquí los dos atrapados, mirando cómo la vieja ventana se va pudriendo mientras también lo hace su corazón contaminado por el mío. Jugué sucio: no la advertí que debía mantenerme fuera del alcance de sus besos.
Y del techo siguen lloviendo escombros que reposan sobre el quicio de la ventana, rompiendo la simetría del cuadrado perfecto de luces y sombras que formaba. Alguien, desde fuera, llama con aldabones de ignorancia. Y, al abrir la puerta, las paredes se desmoronaron sobre nosotros. Y sólo quedó en pie la vieja ventana y una foto gastada en la que aparece una figura movida queriendo decir nada.