Amotinarse

Da igual que celebremos un golpe de Estado encubierto que falsamente se recuerda como un motín popular. Da igual que lo celebremos en septiembre cuando en realidad ocurrió en marzo. Da igual que supusiera la usurpación del trono por parte de un déspota como lo fue Fernando VII. En realidad da igual todo cuando al menos, cuatro años después, la primera constitución de España se redactó y aprobó. Y, aunque completamente imperfecta, al menos tenia el espíritu más liberal de su tiempo. Todo eso ocurrió en los meses de marzo de 1808 y 1812, respectivamente. Curiosamente, ambos acontecimientos tuvieron lugar entre los días 17 y 19. Hoy, doscientos años después, los vecinos de Aranjuez salimos a “amotinarnos” en las fiestas locales con antorchas, ataviados con ropas de la época, rememorando aquellos altercados en los que Godoy fue vapuleado y apaleado sin miramientos. Es curioso que conmemoremos unos hechos tan dramáticos, violentos y en absoluto democráticos como algo positivo. Pero en realidad sabemos que lo que queremos reivindicar es el poder del pueblo para unirse en los momentos difíciles. Y aunque el mal llamado Motín de Aranjuez no es algo de lo que enorgullecerse en realidad, de una u otra manera nosotros, el pueblo, seguimos tomando las calles, aunque esta vez afortunadamente de forma pacífica, racional e independiente, como por ejemplo, para manifestarnos en contra de un sistema electoral injusto, para mostrar nuestra repulsa ante la violencia machista, solidarizarnos con las víctimas de algún desastre natural o defender nuestros derechos laborales ganados durante décadas de esfuerzos. Y cuanto más pidan que nos estemos calladitos, que nos quedemos en casa sin protestar, que nos apretemos el cinturón mientras ellos usan tirantes, que no armemos jaleo y que mantengamos las formas frente a Europa, con más ganas tomaremos las calles, gritaremos más alto, haremos más ruido y más nos rebelaremos. Porque el poder no está sólo en las urnas un día cada cuatro años, sino en el pueblo cada vez que amanece.
Huele a motín; quizá sea porque hoy es 18 de marzo.

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