Archivo para marzo, 2012

Compañeros

Les debía algo. Les debía algo porque cuando salieron a tomar las calles de mi ciudad no pude acudir a la cita. Quería ir, pero me fue imposible. ¿Qué mejor que resarcirme de la mayor manera posible? Así que ahí estuve (ahí estuvimos) con ellos. Soportando el insufrible calor en el sobresaturado tren, los apretones y empujones, las carreras y escapadas… Y aunque en realidad no vivamos su calvario en primera persona, por un día fuimos compañeros de trabajo, de calle y de cánticos. Nosotros fuimos Unilever por una vez, pero no será la última. Luchamos por sus puestos de trabajo, por los nuestros, por los que no lo tienen e incluso por los que no estuvieron y les echamos en falta. La palabra “compañero” es demasiado grande para entenderla si no se vive desde dentro. Quizá por eso no todos salieron a la calle ni cerraron sus comercios. En mi ciudad, tampoco: los establecimientos donde compramos a diario, los puestos del mercado, las tiendas “de toda la vida”… estaban casi todas abiertas. Quizá a ellos esta “contra reforma” no les afectara tanto como a los obreros, pero necesitábamos su apoyo. Y no lo tuvimos. Luego nos pedirán apoyo al pequeño comercio. No se lo negaremos, porque no somos rencorosos, y porque creemos en ellos y sabemos que son necesarios para la sociedad (igual que nosotros). Seremos, como siempre y para siempre, “sus” clientes. Pero que nunca, jamás, se atrevan a llamarnos amigos o “compañeros”. Perdonamos, pero no olvidamos.

Esta va por vosotros, COMPAÑEROS.

Facebook de apoyo a los trabajadores de Unilever Aranjuez: “Unilever quiere trabajo”

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El injusto momento

Jamás entenderé ese injusto momento en que una persona se convierte en recuerdo. Sobre todo si llega demasiado pronto.

Hoy nada tiene sentido.

Hasta siempre, Adeli.


Pescando fotos


 

Dicen que quien va a pescar lo último que quiere es un pez. Nunca he pescado. Y aunque siempre me ha llamado la atención esta actividad, el hecho de atrapar animales vivos por simple placer (aunque luego se devuelvan sanos y salvo al agua) siempre me echa para atrás. Pero la actividad en sí resulta cuanto menos llamativa: horas en una barca, en una orilla, en una margen de un río solitario, en silencio. Los pescadores lanzan su anzuelo al agua y esperan que alguna presa inocente pique. No van a por ella, esperan a que ella venga. Mi cámara y yo también nos agazapamos, nos camuflamos, en silencio, esperamos y esperamos, y muchas veces también dejamos que sean las presas las que aparezcan. Me doy cuenta de que, en realidad, nuestras actividades tienen bastantes puntos en común: se precisa paciencia, mucho tiempo y la predisposición a saber que no todos los días llevaremos algo interesante a casa.
Esta tarde de llovizna sobre la laguna he visto a varios pescadores con menor y mayor fortuna. Uno tira constantemente el anzuelo al agua, rompiendo su superficie en mil cristales, buscando un mejor sitio donde buscar presas. Yo he hecho lo mismo a la caza de encuadres diferentes, originales, interesantes… Cuando recojo mis bártulos para regresar al coche que me lleve a casa, una barca con tres jóvenes pescadores a bordo se desliza sobre la calmada laguna. Las diminutas gotas de lluvia parecen mosquitos sobre la superficie lacustre, como pequeñas bombas que estallan dejando puntos claros, acrecentados por esta tarde oscura de nubes sin sol. La estela de la barca me llama la atención, como un cohete que surca el agua con elegancia. Les disparo una y otra vez, buscando el mejor encuadre, pero tal es el silencio que reina en el ambiente que el ruido del obturador de mi cámara les alerta. Me han visto. El del centro deja de remar y avisa a sus compañeros, que se giran. Me saludan y, sonrientes, me enseñan su captura.

 

 

Sin saberlo, han sido predadores y presa al mismo tiempo. Sonrío y vuelvo a casa limpiando la lente de mi cámara, como un anzuelo que esta vez ha funcionado.

 


Somos agua

Cascada natural, Lagunas de Ruidera

Cascada natural, (Lagunas de Ruidera). Aquí aprendí a nadar.

Hoy es el día mundial del agua. En el fondo nunca me ha gustado este tipo de celebraciones, porque parece que el resto del año se olvida todo, o que no hay que luchar por las causas más que un día al año. Nuestra memoria es cada vez más débil, y lo que hoy vemos en la televisión lo olvidamos no mañana, sino al próximo corte publicitario. Aun así, esto de celebrar el día mundial de algo sirve, al menos, para recordar a las nuevas generaciones los problemas del mundo, y que luego cada uno busque, se informe e interese (maravilloso sería que se implicara también). Sea como sea, seguimos anclados en nuestra comodidad cotidiana vestida de progresistas de salón: todos nos declaramos sensibilizados con la naturaleza, pero luego nuestras acciones no lo demuestran.
Hace muy poco subieron la tasa de recogida de basuras en una ciudad cercana a la mía. Un familiar  que allí vive, (completa y lógicamente indignado por la subida brutal de la cuota, en más del 200%) me manifestó su enfado, que comprendí y compartí. Pero mi sorpresa y alarma crecieron cuando me dijo que iba a abandonar la separación y el reciclaje  de sus residuos hogareños como forma de protesta. No me lo podía creer. Pensé, quizá, que sólo se trataba de la rabieta ocasional de un ciudadano concreto. Pero pasados los días he escuchado a varios amigos y conocidos más asegurar que pretenden realizar la misma protesta inútil, estúpida y egoísta: no reciclar.
Y eso me hizo preguntarme: ¿a quién pretendemos engañar? ¿Ha servido de algo tanta campaña de concienciación medioambiental? Algo ha fracasado cuando creemos que al no reciclar vamos a cabrear o a molestar a la administración, cuando en realidad lo que estamos haciendo es tirarnos piedras contra nuestro propio tejado, hipotecando el futuro de nuestros hijos y legando un mundo de desperdicios esparcidos por un planeta demasiado especial como para tratarlo como un vertedero. Ensuciar, maltratar, matar nuestro planeta no es una forma de protesta; es un suicidio. Pero somos tan ignorantes que no nos damos aún cuenta. Ninguna tasa de basuras justifica nuestro desdén a la hora de reciclar. No tenemos  cinco años. Los enfados los resolvemos en las urnas, en las manifestaciones, en las quejas formales administrativas… Pero no cubriendo nuestro propio planeta de mierda. Todavía no nos hemos enterado de que es nuestra casa y que, por muy grande que parezca, sólo tiene un enorme salón que todos compartimos. Y, tarde o temprano, respiraremos el mismo aire, beberemos la misma agua y pisaremos la misma tierra.
Por alguna extraña razón mi vida ha girado principalmente alrededor de dos paraísos donde el agua juega un papel importante: uno, natural (las Lagunas de Ruidera); otro, artificial (Aranjuez, mi ciudad natal). En ambos casos, la convivencia del Hombre con la Naturaleza ha sido crucial. En el primero, no hacía falta la presencia humana: los lagos escalonados más maravillosos del planeta construyeron un entramado de cascadas, ríos, cuevas y emisarios subterráneos que ha sobrevivido por sí mismo; llegó el Hombre, y todo se estropeó. En Aranjuez fuimos nosotros lo que inventamos  un edén de jardines, fuentes, cauces, caceras, bosques y rías. En ambos lugares, pese a todo, aún escucho el murmullo del agua queriendo levantar la voz por encima de celebraciones y “días mundiales”, diciéndonos con el simple rumor de las gotas deslizándose por las piedras que ambos estamos hechos de lo mismo, aunque nosotros nos hayamos empeñado en vestirnos a la moda y  correr más deprisa. Antaño aprendíamos a nadar en los ríos; hoy los destrozamos en nombre del progreso. De vez en cuando deberíamos pararnos para asomarnos a las aguas que nos acompañan en el camino y preguntarnos qué vemos reflejado. Si el reflejo es limpio, claro y brillante, podremos estar orgullosos. Si es sucio, turbio y translúcido… eso mismo es lo que somos.
Es curioso que mientras redactaba esta entrada, el corrector ortográfico saltaba como esa alarma irritante en forma de subrayado rojo, asegurándome que las palabras “concienciación” y “sensibilización” no existían. Compruebo en la RAE que efectivamente forman parte de nuestro léxico, pero me voy a dormir preguntándome si realmente forman parte de nuestras vidas.

Cascada artificial "Las castañuelas" (Aranjuez, Madrid)

Cascada artificial "Las castañuelas" (Aranjuez, Madrid). Aquí aprendí a respetar.


Lo que piensa una gaviota

“¡Qué bicho más raro, que no puede volar!”


Amotinarse

Da igual que celebremos un golpe de Estado encubierto que falsamente se recuerda como un motín popular. Da igual que lo celebremos en septiembre cuando en realidad ocurrió en marzo. Da igual que supusiera la usurpación del trono por parte de un déspota como lo fue Fernando VII. En realidad da igual todo cuando al menos, cuatro años después, la primera constitución de España se redactó y aprobó. Y, aunque completamente imperfecta, al menos tenia el espíritu más liberal de su tiempo. Todo eso ocurrió en los meses de marzo de 1808 y 1812, respectivamente. Curiosamente, ambos acontecimientos tuvieron lugar entre los días 17 y 19. Hoy, doscientos años después, los vecinos de Aranjuez salimos a “amotinarnos” en las fiestas locales con antorchas, ataviados con ropas de la época, rememorando aquellos altercados en los que Godoy fue vapuleado y apaleado sin miramientos. Es curioso que conmemoremos unos hechos tan dramáticos, violentos y en absoluto democráticos como algo positivo. Pero en realidad sabemos que lo que queremos reivindicar es el poder del pueblo para unirse en los momentos difíciles. Y aunque el mal llamado Motín de Aranjuez no es algo de lo que enorgullecerse en realidad, de una u otra manera nosotros, el pueblo, seguimos tomando las calles, aunque esta vez afortunadamente de forma pacífica, racional e independiente, como por ejemplo, para manifestarnos en contra de un sistema electoral injusto, para mostrar nuestra repulsa ante la violencia machista, solidarizarnos con las víctimas de algún desastre natural o defender nuestros derechos laborales ganados durante décadas de esfuerzos. Y cuanto más pidan que nos estemos calladitos, que nos quedemos en casa sin protestar, que nos apretemos el cinturón mientras ellos usan tirantes, que no armemos jaleo y que mantengamos las formas frente a Europa, con más ganas tomaremos las calles, gritaremos más alto, haremos más ruido y más nos rebelaremos. Porque el poder no está sólo en las urnas un día cada cuatro años, sino en el pueblo cada vez que amanece.
Huele a motín; quizá sea porque hoy es 18 de marzo.


Mis intentos de color

Y de repente suena una melodía. Y de repente todo se para. Y de repente esta extraña, fría, solitaria y silenciosa madrugada se llena de guitarras melosas, de letras oníricas, de rítmicas percusiones. Y retrocedo en el tiempo. Hace tanto que no escuchaba esta canción que creía que había desaparecido: “Y dormíamos tan juntos que amanecíamos siameses. Y medíamos el tiempo en latidos.” El tiempo, siempre el tiempo. Es como el oxígeno: nos da la vida al mismo tiempo que nos la va quitando.
Maga es un grupo sevillano (un trío, exactamente) que “descubrí” hace una década. Y una década después, tras conocerles en persona, además sé que no sólo son geniales como músicos, sino accesibles como artistas. Musicalmente, Maga anda por su propio mundo de melodías casi infantiles, de nanas ruidosas, de letras deliciosas, cargadas de tantas metáforas que cada oyente descubre su propia historia, siempre diferente. “Voy nadando a mariposa entre tus manos.” Ruidos que se confunden con percusiones, voces que nunca ganarán ningún concurso de insulsos cantantes… pero una personalidad única. No es de extrañar que les consideraran los “Radiohead españoles”; sin duda, un auténtico honor. Y si a alguien desagradan, con la misma falta de prejuicios, ellos contestarán con una canción, más alta, más extraña, menos comercial, menos preestablecida. Y seguirán en su propio mundo, dando vueltas sobre el nuestro, sin saber si mirar arriba o abajo, pero con la firme convicción de ser auténticos, siempre auténticos. Una cualidad muy infravalorada en la frívola industria discográfica.

A estas altas horas de la madrugada, el turno de noche me hace preguntarme si aún lo es o si ya debo darle los buenos días al tipo que me observará al otro lado del espejo cuando me lave los dientes antes de irme a dormir. Miro el reloj; las manecillas parecen querer formar la V de la victoria, pero la pequeña señala al seis y rompe la coreografía. Un amigo me escribe y me asegura que soy el centinela de Aranjuez, que lo “cuida” cuando todos duermen. Yo sólo puedo responder con una canción de Maga: “Sólo soy un bicho de cristal; sólo soy de luz piramidal que se pierde cuando no se mueve, y se siente un pez luna en tu interior.  Sólo soy  de cera y de papel; sólo soy lo que no quiero ser. Y no entiendo cómo es que el tiempo va tejiendo mis intentos de color.”

Y la foto salió en blanco y negro.

Buenas ¿noches?