Dits et regret

“Dichos y lamento”. El caminar contemplativo nos da sorpresas. Y de tanto contemplar nos topamos a veces con mensajes perdidos en el tiempo. Auténticos viajeros que han atravesado siglos y se nos presentan como desafíos a nuestra realidad anodina. Alguien lo escribió para que lo leyésemos. Y si hoy lo resaltamos es porque ni esta inscripción es reciente ni está realizada sobre cualquier pared: son los ladrillos que conforman un histórico puente levantado en 1751 y por el que pasaron miembros de las Guardias Walonas muy cerca del Real Palacio de Aranjuez. Y en esta extrañamente calurosa tarde de febrero me imagino a las tropas descansando, recostados sobre estos mismos ladrillos, contemplando el río Tajo, arañando la pared para dejar una frase inquietante: “Dits et Regret”; dichos y lamento. Y la imaginación vuela. Y los ojos se mueven, descubriendo nuevos grabados, con fechas incluidas que se remontan a los siglos XVIII y XIX. Y nombres y frases van surgiendo. Algunas, vistas “in situ”. Otras, al desgranar píxel a píxel las instantáneas en el ordenador. Y vuelve a volar la imaginación…

Desgraciadamente, y como suele ocurrir, los vándalos de los siglos XX y XXI han ido desgastando los grabados originales, y han blasfemado y destruido gran parte de las inscripciones. Pero podemos, tras examinar las caligrafías cuidadas de los siglos pasados y los banales mensajes modernos, dinstinguir lo interesante de lo zafio. Y así descubrimos…

BAÑUELOS:

Apellido español y nombre de varios pueblos (León, Guadalajara, Granada…). La caligrafía (especialmente la A con forma de V en su línea horizontal) nos hace resaltarla como posible grafito histórico.

BANAUX:

Es una palabra francesa que, como adjetivo, significa literalmente banal o trivial. Pero existe un adjetivo masculino plural histórico que hace referencia al goce de la servidumbre impuesta a los campesinos para utilizar la propiedad común por una cuota para el señor. ¿Qué hace aquí esta palabra? ¿Quizá fuera uno de esos sitios comunes que necesitaba de un impuesto para poder pasar el puente? Quién sabe…

RAIMY .`.
1824

Podría tratarse de un nombre propio acompañado de un símbolo compuesto por tres círculos formando un triángulo. Abajo, con aparentemente la misma caligrafía, un año (1824) y de nuevo el triángulo formado por los tres círculos. ¿Una firma, la pertenencia a alguna clase de sociedad o regimiento, las condecoraciones de algún soldado?

 GARDE ROYAL:

No es de las más claras, pero sí de las más interesantes, al hacer clara y directa referencia a la Guardia Real (está en francés). Y es que este puente lleno de sorpresas está muy próximo al Palacio Real de Aranjuez. A la izquierda de esta inscripción aparecen más letras, pero son completamente ilegibles debido a la superposición de modernos grabados. Una lástima.

GARDE WALON:

Por último, resaltamos esta larga inscripción, perdida entre innumerables superposiciones. Señalamos las letras que parecemos comprender, pero la primera palabra queda bastante incompleta. Parece querer poner “General” aunque no lo tenemos claro. Bien claras son, por el contrario, las restantes: “En Braband” hace referencia a una región de los Países Bajos. Las dos siguientes palabras, “Garde Wallon”, que hacen clarísima referencia a las Guardias Walonas, cuyos cuarteles estaban situados a escasos metros de donde se encuentran hoy estas inscripciones. Yendo más allá relacionamos ambas frases porque “Walloon Brabant” es una provincia de Wallonia en Bélgica. Desconocemos el porqué de la “d” final de Braband, pues en realidad debería ser una “t”, e incluso los textos antiguos se refieren a esta región como “Brabant”, por lo que no parece deberse a una antigua denominación hoy extinta. Supone, en cualquier caso, un documento elocuente e históricamente emocionante. Desgraciadamente sucumbe hoy a la desidia de las administraciones y al vandalismo. Nuestra cámara inmortaliza hoy lo que ha sobrevivido tantos años, y quizá dentro de poco sea el único recuerdo de unos viajeros grabados en piedra que desaparecen sin hacer ruido.

Nos marchamos a casa entre turistas que, ajenos, pasean ignorantes de estos mensajes grabados en piedra, algunos incluso realizados antes de que se produjera el Motín de Aranjuez. Algunos se acercan a nosotros, al vernos de cara a la pared examinando los antiquísimos ladrillos, y al cabo de no más de cinco segundos, se dan la vuelta creyendo que hemos perdido la cabeza. Dentro de nosotros, por el contrario, persiste la extraña sensación de haber tocado las mismas piedras que aquellos soldados, y también crece la impotencia de no poder hacer nada para salvar sus palabras. Nos preguntamos si creyeron que iban a perdurar tanto tiempo, y qué pensarían al vernos equipados con nuestras cámaras de fotos, nuestros teléfonos móviles y nuestras ridículas indumentarias. Qué pensarían si supieran que hoy sus palabras de piedra están dando la vuelta al mundo gracias a algo que llaman Internet… ¿por siempre?

Dits et regret

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