Detrás de tus mejores momentos

  No sé si dentro de quince, veinte o cuarenta años las nuevas generaciones sabrán qué era Kodak. No sé si la pionera marca estadounidense resucitará o logrará reinventarse exitosamente como fabricante de impresoras para editoriales. Pero hasta hoy Kodak era sinónimo de Fotografía. La marca amarilla ha presentado su quiebra oficial. Impensable décadas atrás. Y no valen los desinformados comentarios sobre que la tecnología digital ha acabado con una empresa sólida. Es más complicado. En realidad Kodak fue de las primeras marcas en desarrollar tecnología de almacenamiento digital, e inventó una de las primeras cámaras digitales prototipo. El problema fue que, en su día, Kodak se hizo con el mercado analógico vendiendo cámaras muy baratas y apostando principalmente por la venta de los rollos de revelado y su correspondiente proceso. Cuando intuyeron que lo digital iba a triunfar, invirtieron en la nueva tecnología sin complejos. Pero hubo un problema: los directivos eran expertos en la fotografía analógica, pero no sabían nada de lo digital. No aceptaron adaptarse rápidamente. Y la guerra interna acabó con ellos mismos, al ser adelantados por marcas que entraron más tarde pero tenían una visión más amplia. Y se acabó. Es un resumen muy simple, y seguramente injusto, pero groso modo valdría como explicación. El estancamiento pudo con ellos, no la fotografía digital. Porque sólo las especies más evolucionadas (adaptadas) sobreviven.
  Y cuando uno ve la noticia por la televisión y realmente se da cuenta de que no volverá a comprar un carrete Kodak, comprende que llevaba años sin hacerlo. Y, sin embargo, aún guarda rollos y rollos de negativos Kodak y sus correspondientes instantáneas en papel. Papel que se amarilleará y cuarteará con el paso de los años, pero cuyos negativos seguirán intactos. Es paradójico, pero no hace mucho perdí un buen número de fotografías digitales por un problema informático; esas instantáneas no sobrevivieron ni con la ayuda de copias de seguridad. Sin embargo, las viejas fotografías de mi ya olvidada Nikon F65 siguen ahí, perfectas, como el primer día, conservando el trabajo de un tiempo quizá más caro, quizá más incómodo, quizá más complicado… Pero también más romántico.

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