Mi pequeña nube de papel


Hemos visto universos que nadie creería. Hemos andado caminos que nadie se atreve a pisar. Nos hemos reído de las piedras por las que nos advirtieron. A veces nos equivocamos; otras, no. Hemos contemplado amaneceres y ocasos con la misma luz en nuestros ojos. Hemos volado mientras los demás tocaban fondo; y nos hemos ahogado en más de un fondo, bebiendo y viviendo las amarguras de la vida, recomponiéndonos siempre desde cero hasta alcanzar cientos de besos en los bolsillos del tiempo. Hemos corrido tan rápidos como los rayos estrellándose contra el horizonte. Hemos parado a descansar sin romper nunca nuestros lazos que, visibles o no, siempre nos han mantenido unidos a lo largo de los años, a lo largo de las distancias, a lo largo de los dedos de nuestras manos. Hemos creído en nosotros, porque nosotros éramos lo único que nos quedaba. Y nos quedan tantos motivos para seguir juntos que nada ni nadie podrá jamás saber lo que sentimos, pensamos, creemos o soñamos.
Esta tarde de invierno extraña, quieto en mi casa, a solas, en silencio, escucho en mi cabeza sus dulces palabras rebotando en mis entrañas. Y comprendo que sólo ella puede adivinar lo que siento mirándome a los ojos. Sólo ella escucha las palabras que no dejo nacer. Sólo sus defectos se convierten en virtudes que echo en falta cuando no los tengo. Y si nadie lo comprende, qué me importa. Sólo nosotros tenemos el valor de apreciar nuestros propios errores hasta convertirlos en éxitos. Porque ella siempre será mi pequeña nube de papel; el coraje, la furia, la belleza, la melosidad de su sonrisa estampada en mis labios… Ella, sal y azúcar en mi boca, que hace fácil lo difícil, que convierte nuestro mundo en el más cómodo del universo, cuya compañía es fresca, inocente, alocada, infantil a ratos, madura cuando se requiere… Ella y nadie más que ella, porque si fuera otra persona no me valdría. Ella, mi pequeño desastre animal; mi pequeña estatua de sal; mi pequeña esquimal; mi salto vital. Ella, mi afortunado error. Ella, mi “trasto” sin remedio, a quien quiero ver cuando no quiero ver a nadie.
Ella sigue creyendo en mí.

Y eso basta para dejar de pensar y hacer sonar al corazón.

Esta va por ti:

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