V.A.

En ocasiones creemos que poseemos la eternidad y la perpetuidad. Pero nada es ni eterno ni perpetuo; y mucho menos en nuestras manos. Anda mi cabeza distraída estos días en lugares lejanos a mi hogar, pero cercanos a mi corazón. Sorbo el café humeante de recuerdos, y a la mente me vienen tantas imágenes que sería imposible enumerarlas todas. Y todas vuelven a quedar guardadas dentro de mi cabeza, formando parte de mi historia, preservada con tanto celo que a veces ni yo mismo me atrevo a verlas. Nadie lo comprendería. Nadie entendería lo que pueden significar dos mil metros cuadrados y un montón de ladrillos en mitad del escenario de mi infancia, de mi juventud y de toda mi vida, en general, la de mi familia y la de un futuro cada vez más incierto. Sólo pensar tan siquiera en tener que vender (a la fuerza, claro está) algo así… duele. Pros y contras de acumulan, mezclan y compiten en mil listas mentales que se desvanecen cuando llega desprevenido un recuerdo que creía perdido; pero estaba ahí: acechando traidor al menor descuido, esperando las defensas bajas de estabilidad emocional. Y vuelta a empezar: tachón y cuenta nueva. El camino andado nos llevó a ninguna parte. ¿Es posible? Sólo quiero seguir caminando, pero no sé leer las señales. Habrá un destino tras la curva.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.