Pavos reales

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Me gusta observar a los pavos reales. Los azules intensos de los machos reflejan el sol con brillos embaucadores. Y si hoy uso el blanco y negro es porque las tenues luces vespertinas no les hacen ya justicia. Esta tarde hace frío y me olvido de estúpidos errores recientes haciendo lo único que puedo para resarcirme: salir a la calle a volver a hacer fotografías. Más y más fotografías. Escudarme detrás del objetivo y ser un mero observador. Ellos, los pavos reales, lo saben; parece que no me ven, parece que no me sienten, pero siempre están alerta. Picotean el suelo aquí y allá mientras me dejan pasar a su lado con limitada permisividad. Y me regalan siluetas, contraluces, paseos y poses tan perfectos que me parecen ensayados. Disparo sin contemplación y me brindan todo el tiempo del mundo para ajustar la exposición, el ángulo, la composición… Lleno una tarjeta y me marcho a casa con la sonrisa de quien sabe que lleva en sus manos no sólo una afición, sino la prueba de que, pese a todo, todavía soy capaz de hacer algo sin meter la pata. Y es la mejor recompensa para dormir, aunque sea por primera vez, tranquilo. Buenas noches.

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