Más de un destino

Ya no quedaban promesas al viento aquella tarde de invierno. La niebla mortecina era sólo el recuerdo de una mancha de humedad en la costura del tiempo. Paso a paso el caminante fue haciendo caminos y deshaciendo el hielo. El frío atraviesa la piel, pero no los huesos que se niegan a quedarse quietos.
    En una alfombra de hojas secas creció un poste. Por ramas le brotaron flechas y, al poco, nombres. Destinos fugaces de caminantes pensativos sin tiempo para decidir improvisando. Destinos a veces terminados, a veces con instrucciones de montado. Y las gentes en su eterno ir y venir desconfiaban de desconocidos, mas encomendaban la suerte de sus destinos al anónimo poste erguido. Pero al igual que sus semejantes de madera, a cada soplo de viento sus ramas se movían, y las flechas cambiaban girando sobre el vertical, escondiendo que cada uno tiene su propio camino, más de un destino y mil errores cometidos.

Y ellos nunca jamás lo sabrán.

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