Sereno

Nervioso al volver a la palestra. Sereno al regresar a casa satisfecho con un buen trabajo debajo del brazo. Contento por las felicitaciones. Orgulloso por comprobar que no soy menos que nadie, aunque nadie conozca mi nombre. Conocen mi trabajo. Y les gusta. Maravilloso anonimato. Por un día, aunque sólo fuera por un día, todos los complejos desaparecieron. Como un mar en calma que se deja llevar hasta una solitaria cala bajo un cielo crepuscular; sereno, sabio, tranquilo, humilde, sin pretensiones… Sólo con la infinita inocencia de quien no busca protagonismo, sino cumplir con lo que esperan de él. Hoy soy ese mar anónimo que hace poco ruido, pero que se cuela por entre las rocas de la tierra firme, golpeándola una y otra vez, para regresar mar adentro cuando baje la marea. Hasta la próxima tormenta.

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