El sueño de una hoja en el suelo

Acabo el día como una hoja cayendo desde su solitaria rama, respirando el aire mojado que empapa mis pulmones y pinta de gris el aliento que emana de mi boca marchita de tanto tragar tus besos amargos. Nada ni nadie me moverá de este rincón, porque sé que si alguna vez veo la luz será sólo el reflejo de un espejismo: demasiado cerca para ser verdad, demasiado lejos para tocarlo. Llevo dando tumbos tanto tiempo que se han borrado las huellas de mis zapatos; el camino se terminó, pero sigo caminando. Y sólo me quedar descargarme con palabras vacías que nadie lee ni escucha. Y justo cuando creo hallar el sentido de seguir respirando, vuelve el demonio aliado para recordarme que todo es mentira, que no hay besos amargos, luz, camino ni zapatos gastados. Que todo es el sueño mojado de una hoja en caída libre, sin pena ni gloria, que a nadie entristece ni importa. Sólo yazgo solo, tendido en el suelo, sin hacer nada, viendo caer el agua, y quedando cubierto por el manto otoñal que pudrirá mis entrañas hasta convertirlas en pasto de gusanos. Para no volver a resucitar, como aquel extraño cuervo dijo, nunca más.

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