Archivo para noviembre, 2011

Con los pies en la tierra

Robustos, seguros  y firmes; los pies de los árboles son sus profundas raíces. Icebergs de madera que les mantienen por siempre seguros y a salvo hasta el día de su muerte. Inamovibles y preparados para casi cualquier contratiempo. Años, décadas e incluso siglos pueden pasar sin que los más longevos ejemplares achaquen ningún contratiempo en su estabilidad. Sólo en España hay catalogados varios ejemplares de tejos, encinas, robles y olivos milenarios. Pero uno prefiere sus débiles y pequeños pies, inseguros y a ratos torpes, que van tropezando casi a cada paso, porque con ellos no sólo se aprende el valor de cada paso, sino el sabor de cada caída. Porque vivir clavado en la tierra es maravilloso si enriquecemos con nuestra vegetal presencia un bosque, pero resulta inútil si sólo somos seres humanos. Por eso prefiero seguir tropezando y aprendiendo, no para vivir mil años, sino mil deseos.


Escenario sin novela

…Y cuando alzó los ojos y vio aquella niebla comprobó que se había convertido en el personaje de una novela en blanco y negro que nadie nunca jamás escribió, ni nadie nunca jamás leerá.


El sueño de una hoja en el suelo

Acabo el día como una hoja cayendo desde su solitaria rama, respirando el aire mojado que empapa mis pulmones y pinta de gris el aliento que emana de mi boca marchita de tanto tragar tus besos amargos. Nada ni nadie me moverá de este rincón, porque sé que si alguna vez veo la luz será sólo el reflejo de un espejismo: demasiado cerca para ser verdad, demasiado lejos para tocarlo. Llevo dando tumbos tanto tiempo que se han borrado las huellas de mis zapatos; el camino se terminó, pero sigo caminando. Y sólo me quedar descargarme con palabras vacías que nadie lee ni escucha. Y justo cuando creo hallar el sentido de seguir respirando, vuelve el demonio aliado para recordarme que todo es mentira, que no hay besos amargos, luz, camino ni zapatos gastados. Que todo es el sueño mojado de una hoja en caída libre, sin pena ni gloria, que a nadie entristece ni importa. Sólo yazgo solo, tendido en el suelo, sin hacer nada, viendo caer el agua, y quedando cubierto por el manto otoñal que pudrirá mis entrañas hasta convertirlas en pasto de gusanos. Para no volver a resucitar, como aquel extraño cuervo dijo, nunca más.


Charly

Dicen que tocó casi media hora en Aranjuez, Madrid, y que el público se lo pasó en grande. Dicen que la gente le aplaudía, le vitoreaba y le grababa con las cámaras de los móviles. Dicen que su música animó, cautivó y emocionó a partes iguales. Lo dicen y me lo creo, aunque yo no estuviera presente porque tenía turno de noche y me perdí su actuación. Pero quizá dentro de algún tiempo, cuando sea famoso, alguien pregunte por él; entonces podré responder: “Es un gran amigo mío.”
Enhorabuena, “Charly”.


Derecho a volar

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Echar a volar está reservado a quien tiene alas. Mi destino es seguir en tierra. Por muchos saltos que dé.


Un mes, una canción: noviembre (Mike Oldfield)

“¿Cómo se siente cuando es tiempo para recordar? Ramas desnudas como los árboles en noviembre.


La curvatura del horizonte

Sé que es mentira, que la curvatura del horizonte no se puede apreciar desde dentro de la Tierra. Ni siquiera desde el aire se observa con facilidad: a diez kilómetros de altura (propio de los vuelos transoceánicos) casi no se nota. Habría que alcanzar una estación espacial (unos 360 kilómetros de altura) para apreciar ligeramente la curvatura del horizonte terrestre. Por eso, aunque sé que esta fotografía es sólo el efecto visual de mi lente angular y las nubes lejanas, por un momento podemos sentir que no todo es lo que parece, y que el terreno llano no siempre es tal. Es la curvatura de lo aparente.