Aldo Leopold

De los pocos motivos que encuentro para conectar la antena de televisión de mi casa me topo hoy con un maravilloso documental (“El ultimo grizzly”, de Jeff Turner) en la tan hipócritamente señalada en todas las encuestas como la cadena favorita de todos los españoles (pero con nimia audiencia en realidad): La 2. La historia de un fotógrafo documental de naturaleza me lleva a conocer sólo de nombre a Aldo Leopold. Y no es que fuera uno de los primeros ecologistas de Norteamérica lo que me llama la atención; lo que me llama la atención es su “filosofía”: hay que incluir aspectos no humanos dentro del hábitat humano. Es decir: el agua, la tierra, los árboles… forman parte también de nuestra propia comunidad, e influyen en nuestras vidas. Ha pasado más de medio siglo de aquella propuesta y en pocos lugares se ha ni tan siquiera tomado conciencia de su petición.
Soy muy pesado en cuanto a la serie “Doctor en Alaska”: pongo vídeos, frases  y anécdotas. Pero no deja de sorprenderme cada día al poner cualquier episodio, por muchas veces que lo haya visto ya y me lo sepa de memoria. En dicha serie (producida en la primera mitad de los años 90), no sólo había personajes humanos o animales: aspectos naturales demasiado abstractos como para triunfar hoy en televisión (donde lo que no se ve no existe) nos hablaban de “otro mundo” que está en el nuestro. Así, el “Coho” (un viento estacional que asola en ocasiones Alaska) convierte a la pequeña y pacífica comunidad en peligrosos violentos; el deshielo primaveral les incita a robar; la gran luna llena les impide dormir; etc. De esta manera, episodio tras episodio (y presentado como algo normal fuera de tintes dramáticos ni visuales), la Naturaleza se presenta como un personaje más, sin rostro pero con gran presencia. Y la comunidad vuelve irremisiblemente a la normalidad tras cada alteración. Pero, dentro de ellos (y de los forasteros que habitualmente pasan por la villa) queda el poso de la experiencia, el aprendizaje y, sobre todo, el infinito respeto hacia lo que realmente rige nuestras vidas: la Naturaleza y sus caprichos.
¿Cuándo nos daremos cuenta de que somos nosotros los que estamos dentro de la Naturaleza, y no al revés?

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