Archivo para octubre, 2011

Aldo Leopold

De los pocos motivos que encuentro para conectar la antena de televisión de mi casa me topo hoy con un maravilloso documental (“El ultimo grizzly”, de Jeff Turner) en la tan hipócritamente señalada en todas las encuestas como la cadena favorita de todos los españoles (pero con nimia audiencia en realidad): La 2. La historia de un fotógrafo documental de naturaleza me lleva a conocer sólo de nombre a Aldo Leopold. Y no es que fuera uno de los primeros ecologistas de Norteamérica lo que me llama la atención; lo que me llama la atención es su “filosofía”: hay que incluir aspectos no humanos dentro del hábitat humano. Es decir: el agua, la tierra, los árboles… forman parte también de nuestra propia comunidad, e influyen en nuestras vidas. Ha pasado más de medio siglo de aquella propuesta y en pocos lugares se ha ni tan siquiera tomado conciencia de su petición.
Soy muy pesado en cuanto a la serie “Doctor en Alaska”: pongo vídeos, frases  y anécdotas. Pero no deja de sorprenderme cada día al poner cualquier episodio, por muchas veces que lo haya visto ya y me lo sepa de memoria. En dicha serie (producida en la primera mitad de los años 90), no sólo había personajes humanos o animales: aspectos naturales demasiado abstractos como para triunfar hoy en televisión (donde lo que no se ve no existe) nos hablaban de “otro mundo” que está en el nuestro. Así, el “Coho” (un viento estacional que asola en ocasiones Alaska) convierte a la pequeña y pacífica comunidad en peligrosos violentos; el deshielo primaveral les incita a robar; la gran luna llena les impide dormir; etc. De esta manera, episodio tras episodio (y presentado como algo normal fuera de tintes dramáticos ni visuales), la Naturaleza se presenta como un personaje más, sin rostro pero con gran presencia. Y la comunidad vuelve irremisiblemente a la normalidad tras cada alteración. Pero, dentro de ellos (y de los forasteros que habitualmente pasan por la villa) queda el poso de la experiencia, el aprendizaje y, sobre todo, el infinito respeto hacia lo que realmente rige nuestras vidas: la Naturaleza y sus caprichos.
¿Cuándo nos daremos cuenta de que somos nosotros los que estamos dentro de la Naturaleza, y no al revés?

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El “Hayedo de tejera negra”


Puntos de vista

Despega. Y vuela. Vuelta alto y libre. Escapa a la gravedad. Su viaje es un relámpago. Nada lo puede parar. Pero, desde abajo, parece que va de cabeza a estrellarse contra la Tierra. Puntos de vista. Sólo eso. Siempre eso: puntos de vista.


Las personas adecuadas

A comienzos de 2010 dos buenos amigos decidieron emprender su propio viaje. Y se marcharon. Comprendí entonces que tardé demasiado tiempo en dejarles entrar en mi mundo. Siempre he sido muy desconfiado con la gente, un sentimiento que aumenta con los años, pero que ellos no se merecían. Demasiados golpes en el pasado hacen que el corazón se enfríe, endurezca y acorace. Quizá así nos perdemos grandes amistades; quizá así las verdaderas son las que perduran. Sea como sea, en una de las etapas más inestables de mi vida, ellos lograron colarse en mi mundo poco a poco y casi sin darme cuenta. Y ahí siguen. No es por echar la vista atrás, sino por lanzarla hacia delante; ahí es donde realmente están las personas que merecen la pena, aunque desde el presente no lo sepamos aún. Las del pasado, pasaron; y el valor que tuvieron sólo queda en el recuerdo. Pero hoy, sin un motivo especial, sólo valoro lo que tengo.


Viva el País Vasco / Gora Euskadi

El camino empieza ahora.


La esperanza del bien sobre nuestras paredes

Nos han puesto a prueba desde el principio, desde los cimientos. Y cuanto más resistimos, más aprietan. Y cuanto más sobrevivimos, más atacan. Y cuanto más luchamos, más hieren. Pero son tres años y mil deseos cumplidos; demasiado tarde para dar marcha atrás. Demasiado tarde para desistir. Somos cabezones; ¿qué le vamos a hacer? Por más que la tierra se empeñe en temblar y las parades en abrirse, no llegará el día en que nuestra base sucumba engullida por la tierra sin que antes lo demos todo… menos la vida.  No hay nada que demostrar; no hay nada de lo que presumir; no es un capricho… Es sólo para comprobar que las mentiras, los engaños y toda la maldad de las peores personas que no se merecen el aire que desperdician sus pulmones no pueden ganarle a la inocencia. Sólo es eso; nada más. Y a cada zarpazo, tras cada caída, después de todas las trampas, salimos con vida, con los pasos más firmes, la cabeza más alta y los cimientos más fuertes. Lo importante es lo que se siente al mirar al espejo. ¿Qué verán ellos?


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Hoy no hay ganas de foto.