Canciones perdidas

De repente suena una canción. Una canción perdida hace mucho tiempo. Una canción que creía haber olvidado. Pero seguía ahí, en mi subconsciente. Y ha vuelvo. Y resuena en mi cabeza despertando miles de sensaciones que también creía perdidas. Pero vuelvo a sentirlas. Vuelvo a ser un niño. Y el niño vuelve a correr, a saltar, a jugar. Vuelve el aroma del café recién hecho del abuelo, por la mañana, en vacaciones, subiendo por las escaleras. Vuelve el piar de pájaros a los que nunca más volví a prestar atención. Vuelve a colarse el anaranjado saludo de un nuevo día. Y abro las ventanas de la imaginación, que no es imaginación, sino recuerdo. Y ahí estoy: libre, otra vez. Despreocupado, de nuevo. Sin prejuicios, como siempre.
Hoy descubro una canción que creía perdida. Como mi infancia. Y cierro los ojos. Escucho notas arpegiadas y compases pegadizos. Con ellos, también escucho la voz que una vez tuve, los sueños que una vez soñé, las metas que una vez fijé, las promesas que una vez me hice, los ideales que una vez sentí… Pero son sólo cuatro minutos. Vuelve el silencio. Y, con él, todo se vuelve negro.

Porque el problema no es olvidar quién eres. Sino no querer saberlo.

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