La torre del oro del siglo XXI

En el siglo XIII se levantó la Torre del oro en Sevilla. No es que sus fines, lejos del romanticismo que nos da la lejanía del tiempo, fueran mejores que las nuevas edificaciones del siglo XXI (dicen que fue refugio para las damas que se le antojaban al Rey Pedro I el Cruel, y posteriormente fue una prisión). Pero desde luego la estética y arquitectura han ayudado a la ciudad, tanto en esta torre como en otras emblemáticas (como la Giralda) a ser Patrimonio de la Humanidad. No es de extrañar que la llamada Torre Pelli (en “honor” a su arquitecto, el argentino César Pelli) haya suscitado más de una crítica y alguna que otra plataforma en su contra. José Luis Manzanares, el jefe del proyecto (ingeniero de caminos y catedrático de estructuras) asegura que no hay nada malo, que la ciudad acabará aceptándola como en su día se aceptaron otros proyectos arquitectónicos criticados, como la Maestranza o la Expo 92. Dicen que realmente esta torre no interferirá desde ningún punto en el paisaje de la Sevilla histórica, y recuerda que incluso en su día se criticaron y se logró recortar la altura de las preciosas torres de la Plaza de España. Sea como sea, no deja de ser un símbolo de nuestra nueva sociedad: la Torre Cajasol (será el primer rascacielos de Sevilla, cuando termine su construcción en 2013) albergará mayoritariamente las oficinas de dicha caja de ahorros, aunque tras su integración en Banca Cívica, todo queda en el aire. Desde lejos, en cualquier caso, no deja de parecer un enorme símil fálico de lo que mueve a nuestra sociedad: ¿el oro? ¿El dinero? No: los bancos. Luego diremos que el problema de la crisis es del sistema, pero seguro que nos haremos fotografías a sus pies dentro de dos años como si de una obra de arte se tratara. ¿Quién hará caso entonces a la señal de tráfico?

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