Archivo para julio, 2011

Adiós, julio


La torre del oro del siglo XXI

En el siglo XIII se levantó la Torre del oro en Sevilla. No es que sus fines, lejos del romanticismo que nos da la lejanía del tiempo, fueran mejores que las nuevas edificaciones del siglo XXI (dicen que fue refugio para las damas que se le antojaban al Rey Pedro I el Cruel, y posteriormente fue una prisión). Pero desde luego la estética y arquitectura han ayudado a la ciudad, tanto en esta torre como en otras emblemáticas (como la Giralda) a ser Patrimonio de la Humanidad. No es de extrañar que la llamada Torre Pelli (en “honor” a su arquitecto, el argentino César Pelli) haya suscitado más de una crítica y alguna que otra plataforma en su contra. José Luis Manzanares, el jefe del proyecto (ingeniero de caminos y catedrático de estructuras) asegura que no hay nada malo, que la ciudad acabará aceptándola como en su día se aceptaron otros proyectos arquitectónicos criticados, como la Maestranza o la Expo 92. Dicen que realmente esta torre no interferirá desde ningún punto en el paisaje de la Sevilla histórica, y recuerda que incluso en su día se criticaron y se logró recortar la altura de las preciosas torres de la Plaza de España. Sea como sea, no deja de ser un símbolo de nuestra nueva sociedad: la Torre Cajasol (será el primer rascacielos de Sevilla, cuando termine su construcción en 2013) albergará mayoritariamente las oficinas de dicha caja de ahorros, aunque tras su integración en Banca Cívica, todo queda en el aire. Desde lejos, en cualquier caso, no deja de parecer un enorme símil fálico de lo que mueve a nuestra sociedad: ¿el oro? ¿El dinero? No: los bancos. Luego diremos que el problema de la crisis es del sistema, pero seguro que nos haremos fotografías a sus pies dentro de dos años como si de una obra de arte se tratara. ¿Quién hará caso entonces a la señal de tráfico?


Gato de Pampaneira


Meta

Hace dos semanas crucé la línea de meta. Ojalá pudiera volver a tomar la salida. Las oportunidades se presentan sólo una vez en la vida, pero necesito una segunda carrera. Es verdad lo que me dijeron: la radio crea “gusanillo”. ¿Cómo es posible que ese “gusano” haya crecido tan dentro de mí que no pueda pensar en otra cosa? Como un piloto tras una dura prueba, sólo siento que podría haber sido mejor, más eficiente, más competitivo. Pero ¿quién da una segunda oportunidad? Sólo espero poder tener la suerte de agarrar aquel micrófono una vez más. Sólo una vez más. Para poder marcar mi propia vuelta rápida y resarcirme de mí mismo. Hoy darán de nuevo la salida, pero yo estaré en casa. Sé que ver otra carrera desde el banquillo nunca será igual. Y si no vuelvo al ruedo, sentiré que dejé pasar la gran oportunidad de mi vida.

Y quizá ya nada tenga sentido.


He encontrado un atajo

Atajos en la vida hay muchos. Atajo es el sinónimo de la rapidez, aunque no siempre implique sencillez. Un atajo puede ser peligroso. Un atajo puede ser cómodo. Pero un atajo, siempre, ha de tener una salida. Porque un atajo sin ella es tan inútil como un principio sin meta, aunque esta sea sólo metafórica. Hoy paseamos por las estrechas y evocadoras calles de Córdoba y nos encontramos con una sorpresa: alguien se sintió feliz al encontrar un atajo y lo señaló en una vieja pared con casi tantos ladrillos como años. No sabemos, ni sadie sabe, quién fue el afortunado que pintó aquí estas letras. Tampoco sabemos si el atajo es universal o sólo personal. Y es que un atajo no sirve siempre para todos: mis pasos pueden llevarme por el camino correcto y desviar al mismo tiempo a quien me siga. Cada uno tiene su propio camino, y por lo tanto también sus propios atajos. Lo importante, en cualquier caso, es no arrepentirse nunca de haberlo cruzado, pues todo el que entre, llegue o no a su destino, será un poco más sabio.

Buena suerte en tu caminar.


Arde Córdoba

Por el camino, el viajero a veces se encuentra con imágenes curiosas por las que merece la pena tener la cámara siempre preparada. Desgraciadamente, no siempre dichas imágenes son bonitas. El cielo oscurecido por una columna de humo no presagia nada bueno. Eso pasó el miércoles, cuando pasábamos por Córdoba de camino a Madrid, tras disfrutar de una reconfortante temporada en Sevilla, y nos sorprendió esta imagen: Córdoba acongojada por un incendio que aun está activo, aunque controlado. El fotógrafo siempre ha de estar preparado, porque en cualquier momento necesitará disparar. Más de una vez algún conocido me pregunta por qué llevo siempre la cámara a cuestas, aunque sea simplemente paseando. ¿Y por qué no? Si no hubiera sido así, en muchas ocasiones, habría dejado escapar “momentos decisivos” irrepetibles. Y es que no es la cámara lo que pesa, sino el arrepentimieto de habérmela olvidado.


Nala

Las apariencias engañan. Dicen que sólo viajando con alguien se le llega a conocer de verdad. Con los perros es distinto: hay que dejarles hacer, observarles, convivir y llegar hasta su propia personalidad. Si una persona es capaz de ocultar sus pensamientos y su estado de ánimo, un perro puede eclipsar su verdadera naturaleza dejando escapar todas sus cualidades a la vez. Pero sólo con el tiempo, no mucho, podemos cambiar nuestra percepción y ver al mismo cánido con ojos distintos. Nala no está loca. Sólo es una joya en bruto; a poco que se la pule, brilla.