Niebla

El problema no es que las ramas no dejen ver el bosque. Es la niebla la que todo lo oculta. Llega sin hacer ruido, lentamente, como un monstruo engullendo sin compasión a incautos desprevenidos. Y cuando se disipa podemos encontrarnos cualquier sorpresa debajo de ella. Casi prefiero que siga lloviendo. La lluvia, al menos, nunca engaña: llega avisando con luces y truenos; y cuando está encima, cala hasta los huesos. Creo que vuelve a oler a tierra mojada. Mientras siga viéndome los pies sabré que estoy despierto y no soy un fantasma más que deambula sin rumbo ni sentido por un bosque lleno de gente pero vacío de almas.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.