Las Tablas de Daimiel

Tablas de agua. Tablas de silencio y bullicio al mismo tiempo. Tablas de paz y naturaleza. Tablas de dolor, rabia e impotencia. Tablas del cielo en La Tierra. Tablas que hablan de un pasado de sobreexplotación, pero también de un futuro de conservación. Tablas que se desparraman queriendo adueñarse de la extensa planicie manchega. Tablas, no de madera, sino de Daimiel. ¿Quién quiere clavos?

[RECUERDA: Pinchando las fotografías, se amplían]

¿Qué es una tabla?
Lo primero que se pregunta el viajero es: ¿por qué “Tablas”? Todo el mundo conoce o ha oído hablar de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real, Castilla-La Mancha), pero pocos saben qué es una tabla fluvial. Una tabla de río es una zona pantanosa por la que uno o varios ríos se ensanchan hasta casi desaparecer su curso, debido a la poca pendiente del terreno. Pero, desgraciadamente, pocas tablas quedan ya. Las de Daimiel podrían considerarse el último reducto y ejemplo de las que antaño inundaban gran parte de la hoy llamada paradógicamente “La Mancha seca”.

Una historia de vergüenzas
No era tan seca hace décadas La Mancha, cuando las fiebres palustres y la agricultura de regadío empezaron a ser las excusas perfectas para desecar, roturar y canalizar los extensos humedales existentes. Las de Daimiel también sufrieron devastadores acciones, en pleno siglo XX. Surgidas por la confluencia de los ríos Gigüela (de aguas salobres) y el Guadiana (de aguas dulces), las Tablas de Daimiel albergaron durante décadas las más importantes poblaciones de las más variadas aves que, en su migración, necesitaban un punto de referencia y cría. Daimiel era el lugar perfecto. Poco pensaba el hombre entonces en la preservación de la Naturaleza, y hundió en varios metros los cauces de los ríos, mediante excavadoras, para canalizar profundamente los ríos. Las obras formaron parte del gran proyecto de desecación de humedales proyectado y ejecutado desde 1956 hasta finales de los años 60. Las consecuencias más dramáticas se observaron inmediatamente, al reducirse el nivel freático de la zona y descender los aportes naturales (ojos, manantiales y demás surgencias naturales). Más tarde, en los años 70, los regadíos empezaron a invadir los terrenos circundantes hasta penetrar directamente en el propio Parque Nacional (declarado en 1973). Las Tablas se secaron. El río Guadiana desapareció. Los famosos Ojos del Guadiana dejaron de manar, y así han permanecido hasta la actualidad. Desapareció la magia de la Naturaleza. No tardaron en producirse incendios espontáneos por la combustión de la turba del subsuelo que, a falta de agua y en contacto con el oxígeno del exterior, prendió los terrenos, ayudado por los humanos y las quemas periódicas de los terrenos cercanos.

La recuperación: ¿un espejismo?
En 1980 se reclasifica la zona y se aumenta su protección. En 1981 se incluye en el Programa MaB (Hombre y Biosfera) al declarar a la Mancha Húmeda como Reserva de la Biosfera. En 1982 se reconoce como Humedal de Importancia Internacional por el convenio Ramsar. En 1988 se califica como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Pero el agua no llegaba, y el panorama y el paisaje era desolador. Sólo con las abundantes lluvias de finales de los años 90 las Tablas volvieron a la vida. Pero no sirvió de mucho: pocos años después, ya en pleno siglo XXI, la sequía y la sobreexplotación volvieron a hacer de las suyas: el Parque padeció uno de sus peores períodos de su historia: volvieron los incendios y la muerte. Hasta principios del año 2010, cuando regresó el agua y la vida, justo a tiempo para evitar la retirada del título de Parque Nacional, advertencia realizada por la Unión Europea como escarmiento por la nefasta gestión de cuantas administraciones compitiera su conservación.  En la actualidad (año 2011) las Tablas gozan de uno de los mejores períodos de abundancia hídrica, pero no son pocos los expertos que advierten de que las Tablas no están recuperadas, sino inundadas: si continuamos con la tendencia sobreexplotadora, las Tablas volverán a arder. Y es que, mientras que los Ojos del Guadiana no rebosen, no podremos darnos por satisfechos en la recuperación del nivel freático del Parque.

Sea como sea, hoy nos encontramos con un Parque colmado de vida. De sus casi dos mil hectáreas, el visitante realmente a penas visita una ínfima parte. El resto está restringido. Pero las famosas pasarelas de madera nos permiten adentrarnos por los algunos tablazos e islas para darnos una buena idea del lugar. El silencio es imprescindible: hay que mantener la tranquilidad del lugar para poder ver las especies más ausustadizas. Los prismáticos son importantes para disfrutar de la abundante avifauna de este humedal RAMSAR (1982) declarado Reserva de la Biosfera (1981). El ser humano ha dado varios usos a este lugar; hubo hasta catorce molinos datados de hasta la Edad Media, que no sólo molían el trigo, sino que hacían las veces de núcleos de población reducida donde se compraba y vendía el pescado y la caza, y también se podía pernoctar. Uno de los más importantes es el de Torremocho, que cuenta con su propio centro de visitantes. Quedan muy pocos molinos, igual que las escasas casas de los pobladores que vivían dentro de las Tablas, como esta restaurada que nos encontramos cerca del mirador de la Isla del Pan:

Desde el centro de información parten tres rutas que nos llevarán por diversas sendas, a veces sobre el agua; otras, atravesando orillas e islas. Tenemos observatorios y torres para disfrutar perfectamente del lugar sin perturbar la vida natural, y un par de lagunas de aclimatación y recuperación de ejemplares enfermos o heridos. Las Tablas representa los ecosistemas ligados a las zonas húmedas continentales. Una gran variedad de aves acuáticas las pueblan. Entre las más adaptadas al agua se encuentran el somormujo lavanco, el zampullín común y el zampullín cuellinegro. Se pueden observar Garzas, garcillas, martinetes y todo tipo de anátidas ibéricas dependiendo de la época en la que visitemos el parque. Entre la flora, las plantas acuáticas son el substrato básico de Las Tablas de Daimiel, y los únicos árboles presentes son los tarayes.

Flora acuática
Grandes manchas de masiega (Cladium mariscum) alternan en armónica distribución con las superficies de agua libre. Los carrizales (Phragmites australis), de una gran adaptabilidad y poder colonizador, se extienden en las áreas menos profundas y en casi toda la periferia del Parque. Entre ellos podemos avistar corros de eneas (Typha domingensis), que se instalan en las depresiones. Hasta hace pocos años, los juncales sobre suelos con encharcamiento temporal eran frecuentes en las lagunas manchegas; hoy en día están seriamente amenazados por la ampliación de los cultivos, aunque siguen siendo abundantes en el Parque Nacional. Los limonios son en su mayoría especies propias de saladares y estepas salinas, que caracterizan un tipo de hábitat de interés prioritario en la Unión Europea y que por tanto, debe ser conservado. En el Parque Nacional están representados algunos taxones endémicos de la provincia de Ciudad Real actualmente muy amenazados por la expansión de los cultivos en el exterior del espacio protegido, como Limonium carpetanicum. Una de las formaciones más característica del Parque Nacional son las praderas de carófitos, constituidas por diferentes especies del género Chara (Ch. hispida, Ch. major, Ch. canescens) conocidas como ovas, que pueden forma un tapiz casi continuo en los fondos inundados. La única vegetación arbórea está formada por los tarayes (Tamarix canariensis y T. gallica), que forman pequeños bosques sobre suelos húmedos, pudiendo soportar algún periodo de inundación y cierto grado de salinidad en el suelo.

Es mejor visitar el Parque en solitario o en grupos muy reducidos. La visita es libre y gratuita, aunque se puede solicitar un guía (teléfono: 926 69 31 18). Las mejores horas para ver las aves son las primeras de la mañana y las últimas de la tarde. Sólo se puede acceder a pie y está prohibido abandonar los senderos señalizados. Con todo, disfrutaremos de uno de los últimos reductos naturales de estas características en nuestro país.

Fotografías: La Retina de Cristal.
Textos: La Retina de Cristal (excepto “Flora acuática”: íntegro, Ministerio de Medio Ambiente).

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