Archivo para mayo, 2011

Revólver en Aranjuez, una lluvia violenta y salvaje

Casi un mes esperando y al fin llegó la gran noche. Pocos vicios tiene este humilde y anónimo “juntaletras” al que le gusta disparar su cámara de vez en cuando, pero de entre todos ellos la música ocupa un privilegiado lugar. Y, de entre los músicos españoles, él. Revólver no es un arma de fuego que dispara a matar, sino el proyecto de un músico muy grande: Carlo Goñi. ¿Cómo imaginar que en su visita a mi ciudad, Aranjuez, iba a descargar toda su potencia eléctrica pese a la repetitiva lluvia? No pintaba bien el parte meteorológico que puntualmente seguí día tras día la última semana. Iván Ferreiro padeció en sus propias carnes la noche anterior una buena tromba de agua ribereña. Para el domingo, desgraciadamente, se esperaban más tormentas. Y estas llegaron, pero fue más potente la de encima del escenario que la que caía del cielo. Y así, ensimismados, nos dejamos llevar. ¿En serio llovió anoche sobre Aranjuez? Ni me enteré…

La fotografía superior podría resumir el concierto ofrecido en la noche del 29 de mayo para las fiestas de San Fernando, patrón de Aranjuez (Madrid), en el aspecto no musical: el cielo inquietó a público, músicos y técnicos. Los relámpagos no presagiaban nada bueno minutos antes del inicio del espectáculo. Pero este comenzó sin incidencias con “No hay mañanas”, primer tema de su último disco, Argán, una original apuesta por la multiculturalidad, mezclando el rock con la música árabe. El resultado ya ha sido protagonista de este blog, y en directo se deja saborear dulcemente, pese a la ausencia (esta vez) del violinista Jalal El Allouli, a quien echamos mucho de menos, vistas sus maravillosas actuaciones en otros conciertos de la gira. Gira que, por primera vez, salía al exterior: era el primer concierto al aire libre del año, y Goñi lo dio todo sobre el escenario junto a sus chicos. Los grandes clásicos se mezclaron con los últimos temas de “Argán” (No hay mañanas, Quiero aire, Manos arriba, Reconozco la frontera y Princesas y mendigos) y el anterior trabajo, “21 gramos” (Clarisa, con un empiece muy pausado y algo más de ritmo después), haciéndonos viajar del presente al pasado casi sin darnos cuenta.  Y sin darnos cuenta llegó “Donde está el final”, un grandioso tema de “8.30 AM”, que supuso una auténtica y muy agradable sorpresa, sirviendo de excusa para que Goñi y sus chicos se despidieran y bajaran del escenario. A su regreso, cayeron tímidas gotas. Tras los primeros sustos iniciales (Cuco, intentando tapar su acordeón con una toalla y gestos de Carlos como diciendo: “¡No me jodas, Cuco!”), las gotas parecieron dar una tregua. Y nos vinimos arriba. Ellos, también. He de reconocer que en pocos conciertos había disparado tan poco la cámara; era imposible: en primera fila, justo en el centro, con Carlos a escasos metros, dejarse llevar por la música imperaba. Sorprendentemente Carlos se equivocó en alguna estrofa (en “San Pedro”, por ejemplo), pero el buen humor reencaminó su actuación ante nuestros aplausos solidarios. La cercanía de la ruidosa feria obligó a sustituir los temas acústicos por versiones roqueras. “Los que Ana ve” fue otra sorpresa, como la melodía de “Los Simpson” escondida en el final de un tema, ofreciendo un giño cómico que hizo sonreir al público. Quizá nos ayudó a no quedarnos fríos en una noche que empezaba a oler a tierra mojada. El simpático Redouan Hamani con su sincera sonrisa puso la voz perfectamente a los versos árabes incluidos en los temas “Quiero aire” y “Manos arriba”. Quedó demostrado, una vez más, que la música no tiene fronteras; ojalá La Tierra tampoco las tuviera. Carlos quiso comentar un incidente desagradable (suponemos que algún problema burocrático con la nacionalidad de uno de sus músicos, ahora no recuerdo si con Red o con Jalal) que tuvieron recientemente “a muchos kilóemtros de aquí” (aseguró). Pero la proximidad de la tormenta le hizo aprovechar cada segundo sobre el escenario para tocar y cantar, en vez de para hablar: “No voy a hablar mucho”, dijo mirando cada vez más preocupado al cielo. En cualquier caso, quedó justificada su cruzada contra la xenofobia y el racismo, que desde nuestro humilde rincón cibernético apoyamos ciegamente. Y es que ningún ser humano debería ser ilegal.

A estas alturas poco o nada tiene que demostrar Carlos Goñi a nadie, así que no seremos nosotros quienes osemos a criticar su actuación (para bien o para mal), sino que simplemente hablaremos de sentimientos y emociones. Porque poco importó que nos caláramos hasta los huesos cuando, de forma completamente inesperada, se desplomó literalmente el cielo sobre nosotros en plena actuación. Aún volaban sobre nosotros sus solos de guitarra inimitables y los originales arreglos de sus temas para el directo. Habían pasado casi dos horas de concierto y, sin luces y con una lona de plástico cubriendo parte de los instrumentos y el equipo técnico, el concierto no se detuvo hasta que la última nota de la última canción terminó de sonar cuando y donde debía. Impresionante final con “Eldorado” a punto de quedarse fuera. El cielo respondió el desafío de Carlos: “Ya puede llover lo que quiera”. Y llovió. Vaya que si llovió. Ya no podíamos dar palmas: el agua chorreaba por nuestras manos y brazos como ríos desbordados, y salpicaba como charcos cuando aplaudíamos. ¿Y qué más da? Es sólo agua. La vida consiste en eso: aprovechar y disfrutar lo que cada momento nos brinde; y si toca empaparse hasta los huesos, pues nos mojamos. Más emoción. Más recuerdos. Más historias que recordar para siempre: “¿Os acordáis del chaparrón que nos cayó en el concierto de Revólver? ¡Qué bien lo pasamos!” Quizá nos quedamos sin algún bis (muchos temas quedaron en el tintero), pero esperemos que Carlos apunte en su agenda la promesa de volver para regalarnos más lluvias violentas y salvajes de melodías llenas de truenos, estribillos brillantes como relámpagos y letras con un cien por cien de probabilidades de descarga. Porque ahí estaremos, secos o mojados, pero siempre coreando y saltando. Y si por una de estas vuelve, desataremos la tormenta con o sin agua.

OJALÁ TE LO HAYAS PASADO EN EL ESCENARIO TAN BIEN COMO NOSOTROS ABAJO.

GRACIAS.

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Calle Peseta

Miraba extraño a mi abuelo cuando, ya anocheciendo alguna tarde de verano, nos explicaba qué era una “perra chica” y una “perra gorda”, y me preguntaba cómo podía entender precios entre comas y decimales. Hoy los chavales preguntan el significado de esta calle perdida en algún pueblo blanco, y nos miran confundidos cuando decimos que comprábamos chicles “a duro”, que nuestra paga no solía ir más allá de mil “pelas”, y se ríen cuando, al enfadarnos, les decimos: “¡Que os den dos duros!”
Supongo que uno se hace mayor cuando se pierden nombres comunes y pasan a ser nombres extraños. Pero mientras queden historias por contar, ¿qué más da la edad de nuestro monedero?


Somos los cuartos

 

A esta Retina no le gusta hablar de política, pero el movimiento inédito del 15M quizá lo merecía. Apoyamos decididamente el voto en blanco, un voto que es una clara apuesta por la democracia, por ejercer nuestro derecho a votar libremente (algo tan valioso que no apreciamos lo suficiente). Pero al mismo tiempo manifestamos nuestro descontento con la clase política en general. Votar en blanco no es estar indeciso, sino todo lo contrario: es tener las cosas muy claras. Es no dejar que nadie decida por nosotros, sino agarrar el toro por los cuernos y plantarse delante de las urnas con un mensaje muy claro: ninguno de vosotros merece mi confianza. Es una bofetada a todos los partidos, los grandes y los pequeños, para que aprendan que tenemos la mente abierta y la fuerza en nuestras manos.
Con el cien por cien de los votos escrutados, el voto en blanco ha sido el mayor en toda la democracia española. Sumados a los votos nulos, formarían la cuarta potencia más votada en estas elecciones. Y es que, a veces, un color dice más que mil palabras.


Piensa en blanco

Si estás harto de sus mítines, de sus promesas, de sus mentiras, de sus chistes sin gracia, de sus palabras sin contenidos, de sus insultos, de su prepotencia, de su falsa propaganda, de sus ruedas de prensa ofensivas, de su incultura, de su mala educación, de su altivez, de su “estilo”…

Piensa que es posible cambiarlo todo. Aunque “ellos” intenten negarlo y ridiculizar cualquier movimiento que vaya en contra de sus intereses.

Tenemos el poder en nuestro voto. No lo desperdicies. Recuerda que hay alternativas.

Piensa en blanco. Para que, por una vez, no ganen “ellos”, sino tú.


Feliz cumpleaños

Felicidades, Mike Oldfield.


El abuelo de madera

Viendo a sus nietos, verdes y radiantes, crecer libres a sus pies.


Indiana

Estuvo “de prestada” en nuestra casa sólo durante varios días y consiguió hacerse un hueco tan simpático como cariñoso. Consiguió salir de su autoaislamiento para sentarse en nuestro regazo, darnos mini-besitos con su lengua áspera y seca, sonsacarnos sonrisas por sus exhibiciones de coquetería, reclamando caricias y cariñitos… Hoy es un vacío en el mundo físico pero un hueco enorme en nuestros corazones. Gracias a sus “papis” adoptivos conoció lo que era una vida digna y disfrutó de los mejores cuidados que sólo ellos saben dar a los animales más necesitados. ¿Quién osa comprar una mascota con la de huérfanos que hay buscando un hogar? Hasta siempre, Indi.

Dedicado a M. y Lain; un abrazo en la distancia.