¿Qué escuchó la Luna?

Hace tiempo una buena amiga me comentó que ella y su pareja habían estado en una inmensa cueva. Allí abajo, en la más inédita oscuridad, el silencio era el único habitante. Pero el ser humano parece incapaz de respetarlo, y pocos podían impedir pequeños ruidos: los abrigos restregándose contra las piedras, toses, suspiros… A veces pienso qué sería de este planeta sin nosotros. Las plantas comenzarían a crecer y a apoderarse de todo, en la más frondosa vegetación jamás conocida. Pero la Naturaleza también tiene música, y no sólo es silencio: pájaros, cascadas, truenos, viento… El susurro de Gaia siempre está presente, pero nos empeñamos en gritar más fuerte.
El pasado fin de semana nuestra pequeña compañera nocturna se acercó hasta nosotros más de lo normal. La Luna creció en tamaño y resplandor. Nuestra pequeña farola parecía querer escucharnos con atención; por eso se acercó a La Tierra. Un esfuerzo que le cuesta dieciocho años realizar. Estoy seguro de que agudizó su oído de cráteres y polvo blanco para escucharnos. Tenía curiosidad por saber qué teníamos que decir. Qué es lo que escuchó es algo que todos deberíamos reflexionar. Porque quizá la próxima vez que se aproxime, dentro de dieciocho años, se dé la vuelta y nos muestre, por primera vez en la historia, su cara oculta, para que nos veamos reflejados en ella. Y más de uno seguirá mirando la televisión.

“Se dicen muchas cosas cuando no hay nada que decir”, Alan Parsons.

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