El bicho que miraba la Luna

Voy a destruirme a mí mismo. Y cuando respire sentiré el peso del cielo sobre mi pecho. El peso del sol. El peso de la Luna convertida en prisionera de nuestra propia gravedad. Mi gravedad es inocua. Mi gravedad es sutil. Mi gravedad es invisible. Mi ser, también.
Nada puedes decir para convencerme. Porque tienes razón. Sé que nunca saldré de la cueva; porque soy su prisionero. Era todo mentira. Sé que el sol nunca saldrá para mí. Sé que no merezco ser iluminado por sus rayos. Sé que la Luna, la eterna Luna fluorescente, espera ahí fuera. Fuera de la cueva. Fuera de La Tierra. Fuera de mi alcance. Y jamás brillará por mí. Porque nunca merecí cielo, sol, Luna, gravedad, cueva ni Tierra.

Porque sólo soy un bicho condenado a vivir en sueños y a soñar en vida.

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