Ganar o perder

Este año, cuando el invierno llegue con su pesado frío, se cumplirán quince años desde que me partí la rodilla siendo aún un niño. Las tres operaciones posteriores no sirvieron para terminar de arreglar una compleja articulación que, desde entonces, dijo adiós a cualquier actividad física que no fuera natación o ciclismo. En aquel diciembre de 1995, mis jóvenes y pequeñas alas se cortaron de cuajo. Hasta entonces, ya había probado el fútbol, el baloncesto, el tenis, el badminton y hasta el ping pong. Y, aún así, no me sentía “deportista”. Porque, para mí, todos aquellos juegos no eran más que eso: juegos. Jamás me planteé ir más allá que apuntarme en el club del cole del barrio para jugar después de las clases, o inscribirme en el de tenis siendo un niño para poder acceder a las pistas los viernes, o a las clases de ping pong para usar el polideportivo cada jueves por la tarde. En realidad yo no quería competir, ni jugar ligas… Era demasiado tímido y mi sueño no era ser deportista profesional. ¡Era sólo un juego! Aquellas tardes eran fantásticas: juegos, diversión, amigos… Me lo pasaba en grande. ¿Por qué estropearlo compitiendo en serio? Nunca me enfadaba si perdía; nunca lloraba si llegaba el último; nunca le pedía revancha al adversario… porque me había brindado un gran momento de diversión. Y eso nadie me lo ha quitado, aunque llegara el último.
Hoy no puedo ni echar una carrera por culpa de mi rodilla. Y veo a esos deportistas profesionales ganándose la vida jugando. Y pienso: qué suerte tienen. Pasa a mi lado un grupo de escapados de una vuelta ciclista regional. El calor es insoportable, pero ellos van tan concentrados que ni me ven. Quieren ganar; para eso se han esforzado, han entrenado, luchado y sufrido. Y entonces comprendo que la vida es tan compleja que cada uno la vive a su manera. Es mejor, entonces, no pretender ser más ni mejor que nadie. Ni pretender que lo que yo veo como una diversión sea sólo un juego para otros. Porque ganar o perder puede tener significados diferentes según quien juegue a nuestro juego.

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