Espíritu de águila

Hay veces que una buena conversación es tan placentera que la recuerdas durante días. Hay personas propensas a crearlas. Es maravilloso encontrarlas porque no sólo tienen temas variados, casi inagotables, sino que tienen la mente abierta y están dispuestas a escuchar opiniones encontradas. Una conversación no deja de ser un intercambio de ideas que enriquece a ambas partes, donde es tan importante hablar como escuchar; verlo así es fundamental. Sin embargo, hay ocasiones en que da igual lo que digas: nuestro interlocutor está demasiado ocupado oyéndose a sí mismo como para atender nuestras palabras. Es difícil llegar a distinguir a esas personas, pero al final se descubren: cuando no te dejan hablar, cuando te pisan las frases, cuando ni tan siquiera miran a los ojos mientras les cuentas algo… En esos momentos puedes decir lo que sea, porque no se enterarán: “Soy un delfín extraterrestre y me he meado en los pantalones”. Dará igual.
Quizá esta cigüeña que fotografié en Ávila fuera un águila en otra vida. Quizá nosotros mismos fuimos águilas en otras vidas. Pero ¿sabes realmente lo que es tener un espíritu de águila? En mucho tiempo no he encontrado una manera más pacífica, elegante y bonita de decirle a alguien: “Cierra tu maldita boca y escucha al resto del mundo.” Viva Doctor en Alaska:

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Una respuesta

  1. Esa cigüeña es prácticamente simétrica en la fotografía. Espectacular.

    28 agosto, 2010 en 00:20

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