Inmortalidad

Lo reconozco: tengo miedo a morir. Pero no es un sentimiento tan banal como pudiera parecer. No me refiero a la muerte física, ni tan siquiera a la espiritual (uno, aunque respeta profundamente las diversas creencias, sigue pensando que después de morir, igual que antes de nacer, no hay nada). No morimos cuando ya no respiramos: mis abuelos, por ejemplo, siguen vivos, porque están en mis recuerdos. Todavía, a pesar de que hace casi una década que “nos dejaron”, puedo escuchar sus voces, ver sus rostros, disfrutar de sus bromas… Los mantengo vivos, dentro de mí. E igual que en mí, están en muchos otros familiares y amigos.
Las piedras de este castillo en ruinas que hoy fotografío en blanco y negro han sobrevivido siglos. ¿Quién os puso ahí? Fijaos en una de esas piedras que componen el conjunto de la pared. Imaginad el momento exacto en que alguien, hace cientos de años, estuvo ahí mismo, bajo el mismo sol, colocando cuidadosamente su granito de arena para la posteridad.
Admiro a músicos, actores, compositores, escritores, escultores, arquitectos, físicos, exploradores, filósofos, poetas… Ellos van muriendo, pero sus creaciones estarán siempre formando parte de la humanidad. Ya son inmortales. Lo han conseguido.

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