Casas

Las casas están vivas. Cada rincón perdido en el trastero olvidado esconde un recuerdo de alguien. Todos vivimos entre paredes, si tenemos esa suerte. Más que ladrillos, cada construcción es el testimonio de una familia, de un hombre solitario, de una pareja apasionada, de una y mil vidas vividas… Ellas, que nos protegen de lluvias y soles, de calores y fríos, de tormentas y sequías… también sienten y padecen. Ellas, que nos cobijan cuando enfermamos, tienen un corazón que a menudo se detiene y marchita al mismo tiempo que las abandonamos. Esos cadáveres quedan abandonados a su suerte, como vagabundos desvalidos, y su suerte a menudo es terminar convertidas en un montón de escombros. Alguien dijo alguna vez que las casas son la arquitectura de las voces que las habitaron, el lugar donde se escribe la gramática de la vida. Afinad vuestra letra, amigos: cada pedazo de nuestra propia historia la dejamos en cada pared sobre la que nos apoyamos, en la escalera en la que una vez lloramos, en el cuarto donde a menudo desnudamos alma y cuerpo, sobre el quicio de esa puerta que, traidora, un día nos pilló un dedo… Por eso, si se os cae el techo encima, revisad los cimientos de vuestra alma. Aunque sólo sea por si llueve.

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