Mi traidor; mi aliada

Maldigo cada amanecer, que me encuentra siempre dormido, y su seguridad de hallarlo todo silencioso. Porque él sabe, mejor que nadie, que el mundo sin luz no es nada, y la nada… nada es sin luz. Porque pensar quiero, pero no puedo si sus rayos atraviesan mi ventana. Porque no hay nada mejor que la oscuridad para cavilar, ni peor que la luz para pensar.
¡Ah, malditos ojos fisgones; que actúan movidos por la ruin curiosidad (convertida en perversidad), que llegan al rincón más sombrío, adentrándose en mis aposentos, en mi cuarto y hasta en mis escritos! Que quieren saberlo todo, que todo lo llenan de luminosidad sin pedir permiso.
Por eso, cada noche, cuando el sol muere, impotente, aplastado por el cielo, y el silencio vuelve a reinar, yo y mi amiga mágica volvemos a ser un dúo perfecto. Que al alma la oscuridad emociona y a la imaginación llama. Por eso, no es un secreto, ni lo fue ni lo será, que el sol es mi traidor y La Luna… mi secreta aliada.

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