Un mar de gotas
Hay un mar de gotas que cae sobre mí. Un mar de mil gotas; gotas frías, algunas calientes, otras gélidas, muy pocas agradables. Hay un mar de gotas que cae sobre mí que, poco a poco, se van fundiendo hasta convertirse en el río que me lleva. Habrá que luchar contracorriente o dejarse morir. Habrá que empaparse para poder sobrevivir. Habrá que nadar para volver a salir. Lástima que sólo sea una maldita hoja sin fuerza ni raíz.
Un trozo de arco iris
Quieto, ensimismado, congelado en alma y cuerpo, no tan pensativo ni tan consciente, quizá algo cuerdo, quizá bastante loco, quizá no lo suficiente. Quieto, decía, perdido en un mapa inexistente, sin caminos ni calzadas, sin calzado camino, con sudor en mi frente. Si no levanto ruido con mis pensamientos es porque ni muero ni vivo, pues hoy no necesito transporte para cruzar el puente. Hoy no necesito nada, porque todo está en mi mente.
Despierto en un campo verde de verde mirada. Ya lo he volado antes: anoche lo inventé en un sueño lúcido que hoy, ingénuo, revivo. Me pierdo entre las gotas que caen del cielo. Gotas recorren mi cuerpo. Gotas empapan mi ropaje y calan mi pelo. Mi piel son ríos por los que la lluvia encuentra su cauce. Siento el frío de la brisa envolviendo mi mortalidad hasta ponerla en vilo. Quiero sentir mi fragilidad. Sólo un humano perdido en medio de un deshabitado planeta. Tan cerca de la tierra, tan lejos del cielo. La fuerza de los elementos estrellándose contra mí. Un rayo de sol certero haciendo contraluz a través de los diamantes de agua que descienden de la tormenta. Un rayo y su trueno acertando directamente contra mi cabello. Un pedazo de arco iris marcando el lugar exacto donde un día fui fantasma y, al otro, sólo un olvidado recuerdo.
Lluvia en compañía
Quiere sonar una vieja canción que se lamenta de la lluvia, que se lamenta de la soledad, que se lamenta del temblor. Pero esta lluvia es compartida. Lluvia en compañía. “Juntos hicimos la casa a imagen de nuestro amor”. Nuestro amor a veces tiene goteras, pero pronto se secan para ver salir el sol. Y si pasa el tiempo, nos subiremos a su último vagón. Porque nunca es tarde para viajar sin billete ni razón. Y la tarde es un invento del sol para pintar las nubes de color.
Nunca me creas cuando digo la verdad; mis mentiras tienen sabor a nunca más. Sólo junto a ti puedo edulcorarlas y transformar la realidad. Sólo junto a ti tiene sentido quedarse con la lluvia y mandar a paseo la soledad.
Hoy quiero seguir mojándome contigo.
Texto y fotografía: La Retina de Cristal
Entrecomillado: “Lluvia en soledad”, Celtas Cortos
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