Posts tagged “laguna colgada

La rabia bajo la calma

Todos los años Ruidera se enfada. Esta vez has sido tú, Colgada. ¿Quién dijo que bajo tus mansas aguas no escondes torrentes de rabia? Hasta los más calmados tienen su momento de locura. Las lagunas, también. Descanse en paz.

Muere un submarinista en las Lagunas de Ruidera


Una escapada a Ruidera

Una vez más, dormí más bien poco y más que mal, pero mereció la pena: Ruidera, mi refugio. Demasiado tiempo sin pisar tu tierra. Demasiado tiempo sin beber tu agua. Demasiado tiempo sin besar tu aire. Demasiado tiempo sin fundirme con tus piedras. Demasiado tiempo sin disfrutar, paradójicamente, de tu silencio, Ruidera. Cuarenta y ocho horas se me antojan escasas. Pero servirán para volver a la ciudad algo más reciclado. Este pase de diapositivas (sólo disponible en el blog -los suscriptores verán una galería normal de fotos en sus correos) es sólo un recuerdo de un viaje express. Hasta la próxima, “Roydera”.

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Gol del sol

Sábado 3 de julio de 2010. 21.31 horas. Ni vuvuzelas ni banderitas. Esto sí que fue un espectáculo…

Gracias al Mundial de Fútbol 2010 por permitir que todo el mundo desapareciera y poder así disfrutar de un ocaso tan solitario, tranquilo, silencioso y bonito como éste.


A un sueño de distancia

Mece el ligero viento, capricho de esta tarde de verano calmada y silenciosa, la superficie de mi vieja laguna olvidada. Mece su piel arrugada de olas que, sumisamente y a contracorriente, bailan al compás del sol en su descenso suicida. Un sonido… y ya duermo; un aroma… y ya recuerdo; un instante… y ya sueño.

Me siento sobre el viejo puente de madera, cuyos crujidos me invitan infructuosamente a desistir . Me tumbo sobre él y oteo el lejano horizonte de cerros fluviales, aquellos que de niño recorrí en busca de una fuente donde saciar mi curiosidad. Recuerdo aquellos paseos solitarios pisando hojas muertas en otoño, flores vivas en primavera, ramas secas en verano y pensamientos rotos en invierno. Recuerdo quemar mi niñez en estos parajes convertidos en escenario de mil aventuras. Recuerdo crecer descalzo entre amigos de madera en bosques secretos. Recuerdo descubrir que no todo eran juegos, risas y colores, pues también existía el blanco y negro. Recuerdo la primera vez que la vieja laguna y yo hicimos el amor, desnudos ambos, entregados en un baile mojado de frenética adrenalina. Yo, dentro de ella; ella, abrazando mi cuerpo entero. Recuerdo cómo me enseñó a nadar y cómo aprendí a flotar para no hundirme en la negritud de su profundo estómago. Mis pies descalzos volando sobre ella. Recuerdo aquella sensación de inmortalidad, caminando encima de su piel de agua y olas. Recuerdo que nunca me dejó caer. Recuerdo que nunca me dejé vencer. Recuerdo que nunca volveré a nacer…

Hoy quedan lejos los días de sosiego y despreocupaciones. Hoy el sol dibuja estrellas brillantes en mi vieja laguna. Hoy vuelan dos garzas ensimismadas por la estampa. Hoy hundo mi manos en el agua y siento su frío salvaje. Hoy sé que puedo viajar en el tiempo.
Pero aún no me he levantado del viejo puente de madera y compruebo que, en verdad, ni estoy aquí ni existe tal estampa: es sólo el recuerdo de una fotografía que nunca tomé, pero que me espera a justo un sueño de distancia.


En la misma orilla

Luces que mueren acompasadas por murmullos de agua, recibiendo el Premio Nobel al Olvido, jurando en vano una promesa imposible que muere en sigilo. Silencio prohibido, roto por el martillo de la mentira, que todo lo aplasta, que todo lo rompe, que todo le espanta. Llega la nada a mi interior, y me vacío poco a poco, con o sin rencor, con o sin furor, con o sin razón.
Perdóname si no puedo tirar de la Luna esta vez. Perdóname si sólo soy un bicho atravesando un charco que se convierte en lago manso, que me engulle, que me traga, que me quita las fuerzas y el alma. Perdóname si en mi naufragio te arrastro al fondo de mi propia ruina. Pero no te dejes vencer: porque aunque ateo de mi propio ser, sólo tú me devuelves la fe. La fe en tu mirada, en tu sonrisa que recarga este pobre mortal sin sueños ni vida. Porque aunque sé que tú también dudas, piensas y callas, me esperarás día y noche, fiel hasta donde no merezco, fiel hasta donde el sol no brilla, mirando ensimismada, mirando absurdamente enamorada… en la misma orilla.