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Una laguna llena de nubes

Hoy las palabras están por encima de las nubes y por debajo del agua.


Paisaje despreocupado

A la luz de una vela todos mis defectos se disimulan. A la luz del ocaso mortecino de una tarde dormida, el paisaje se difumina en siluetas y ecos negros. Ecos que no quisieron nacer, pero que convertidos en gritos perdidos deambulan buscando un destinatario que nunca aparece. Me asomo al borde del precipicio y me pregunto si podré volar. Me pregunto si mi cuerpo está preparado para dar un salto y, aleteando, despegará sobre este paisaje de luces y sombras. Luces y sombras; siempre luces y sombras. Cierro los ojos y sé que siguen ahí: la montaña presidiendo con su majestuosa estampa el lago apresado entre paredes de piedra y bosques infinitos; los brillos del agua, auténticas estrellas fugaces que de tanto correr por el cielo bajaron para beber un trago, y presas quedaron entre diminutas olas de aguas traidoras; sé que también está el camino que me trajo aquí, la baranda de madera sobre la que apoyo mis manos y el suelo que sujeta mi cuerpo; como un alfiler clavado a la Tierra. Sé que todo está ahí, aunque no lo vea. Respiro el sonido del silencio; escucho el aroma del viento jugando al escondite (ganando, siempre ganando); me como la cabeza y me bebo el corazón. Y pienso mientras caigo que por una vez habré perdido la razón.
Ahora sólo soy una estrella más ahogándose en su mar de aguas turbias y frías.


Salvadora

¿Por qué tengo la impresión de que el mundo desaparece cuando cierro los ojos? Hay una voz dentro de mí que dice: “Recuerda que esto no es un sueño… porque los sueños se tienen con los ojos cerrados. Y todavía estamos despiertos”. Todavía es demasiado tiempo. Sigo buscando mi propio sueño, pero no lo encuentro.
Hoy encallo en una ribera solitaria empapada de recuerdos. Mis pies desnudos se hunden en el barro. Si ando descalzo es porque así siento mejor cada paso. Si tropiezo, me hace daño. Pero si vuelo, sentiré el aire alzándome a los cielos.
Salvadora bautizaron tus aguas los hombres de antaño. Salvadora de vidas enfermas, sanadora de almas rotas, curandera de melancolías crónicas. Pasan los años, las personas, las ilusiones y hasta las traiciones. Y finalmente vas a tener razón: quizá no sea casualidad que siempre acabe aquí, a los pies de tus manantiales, a mojarme contigo, para ver si también haces honor a tu nombre y me salvas de mis propios demonios.

Esta noche, al menos, no cerraré los ojos. Lo prometo.


En la misma orilla

Luces que mueren acompasadas por murmullos de agua, recibiendo el Premio Nobel al Olvido, jurando en vano una promesa imposible que muere en sigilo. Silencio prohibido, roto por el martillo de la mentira, que todo lo aplasta, que todo lo rompe, que todo le espanta. Llega la nada a mi interior, y me vacío poco a poco, con o sin rencor, con o sin furor, con o sin razón.
Perdóname si no puedo tirar de la Luna esta vez. Perdóname si sólo soy un bicho atravesando un charco que se convierte en lago manso, que me engulle, que me traga, que me quita las fuerzas y el alma. Perdóname si en mi naufragio te arrastro al fondo de mi propia ruina. Pero no te dejes vencer: porque aunque ateo de mi propio ser, sólo tú me devuelves la fe. La fe en tu mirada, en tu sonrisa que recarga este pobre mortal sin sueños ni vida. Porque aunque sé que tú también dudas, piensas y callas, me esperarás día y noche, fiel hasta donde no merezco, fiel hasta donde el sol no brilla, mirando ensimismada, mirando absurdamente enamorada… en la misma orilla.


Un mundo en un espejo

Cada destello del sol, cada sol de cada día envuelto en un nuevo color, cada color de cada flor, cada flor regalando su sombra, cada sombra estampada en el suelo, cada suelo pisado por cada  niño jugando al atardecer, cada atardecer coloreando nubes aterciopeladas… Cada montaña levantándose como gigantes inexpugnables, cada lluvia empapando el vacío de las calles, cada calle cayendo al fondo de la ciudad, cada ciudad llena de vida… Todas las vidas, todas las sorpresas, todos los detalles que mis ojos puedan percibir… Todo el mundo que veo sólo es posible gracias al cristal de mi cámara. Porque cada cámara esconde un pequeño espejo donde se refleja el mundo para quedar atrapado para siempre. Porque ese reflejo se estampana en un pequeño sensor convertido en una retina artificial, una pequeña retina que uso como mi propio ojo. Una pequeña retina de cristal que colma la creatividad e imaginación que mi torpeza es incapaz de aplacar.

Has llegado a un pequeño universo que gira sobre su propio eje, aunque esté torcido. Es un blog nuevo, pero nacido de las cenizas de una pequeña experiencia que llamé “Lo que ven mis ojos” y que, durante dos años, me permitió expresarme siempre con imágenes, muchas veces con prosa, algunas con verso y ocasionalmente con música. Pero según pasaban los meses, lo que veían mis ojos era tan grande que el universo se quedó pequeño, desordenado y algo infantil. Necesitaba madurar. El nuevo bautismo era necesario para buscar su propia identidad (descubrí que otros fotógrafos también habían elegido el mismo título…), y tras muchas opciones, ésta me pareció la mejor (no preguntéis cuáles eran las opciones descartadas, seguro que os parecerían mejores).

El cambio a WordPress me permite muchas filigranas que antes eran utopía, aunque la principal razón era poder mostrar las fotografías a un formato mayor. Y es que ahora, además de tener una plantilla más grande, si pincháis en cada imagen se ampliará. Además, nos libraremos de la ya insostenible y abusiva publicidad de La Coctelera.

Así pues, LA RETINA DE CRISTAL ve hoy la luz de su primer día de existencia pública, pero tiene años de experiencia en “otra vida”. Seguiremos viajando para descubrir esos pequeños rincones del mundo tan acogedores. Volaremos, nadaremos, correremos y subiremos montañas. Jugaremos con ríos saltarines y reposaremos junto a lagunas mansas. Descubriremos los pequeños detalles de la vida y recorreremos valles verdes, ciudades nocturnas, pueblos de chimeneas y leña, bosques solitarios, caminos olvidados y mil lugares más.  Habrá novedades (os invito a pasearos por los diversos menús), pero seguiremos fieles a nuestros principios básicos: espontaneidad, sinceridad, veto total a Photoshop y agradecimiento para todas las retinas humanas que deseen pasarse por aquí. Ojalá os guste el viaje.

UNA PEQUEÑA PARTE DE LO QUE YA HA VISTO MI RETINA DE CRISTAL…

AÚN QUEDA MUCHO POR DESCUBRIR

- B I E N V E N I D O S -