Aún queda carretera

A estas alturas de la vida no creí que seguiría persiguiendo sueños. Pero queda mucha carretera.
Feliz año viejo
Y cuando den las doce, en algún lugar, alguien emprenderá su propio camino en alguna carretera solitaria. Pero sabe, como un día aprendió, que lo importante no es avanzar sin detenerse, sino encontrar la luz que le permita continuar. Para, dentro de doce meses, poder decir de verdad y con argumentos que éste fue un buen año.
Nos vemos dentro de doce meses.
Feliz año viejo.
El viejo Einstein
En ciertas ocasiones la vida se presenta como un sendero inexpugnable, lleno de baches y piedras capaces de reencarnarse en enemigos apostados esperando nuestra caída. Son días tan largos que el sol parece que nunca terminará de estrellarse contra el horizonte. Los urbanos y transgresores del hacha eléctrica saturada, Extremoduro, lo expresaron en una de sus canciones: “Para algunos la vida es un camino empedrado de horas, minutos y segundos. Yo, más humilde soy, y sólo quiero que la última ola del último suspiro de un segundo me transporte mecido hasta el siguiente.” Un poco más sosegado y melódico, Antonio Vega (desde su infinita timidez) versó: “El día más afortunado partí detrás de algún maestro, del que aprendí que ser honrado no viene a ser igual que honesto. El paso lento de la vida, la rapidez del día a día. El viejo Einstein ya sabía que para el tiempo hay más medidas.”
Tiempo y miedo convergen en nuestros caminos. Somos nosotros los que tenemos que caminarlos. Con suerte, la tierra se convertirá en un asfalto liso y firme; las piedras, en señales que nos guíen; los baches, en flechas amigas; y los enemigos, en protecciones firmes y seguras para que no descarrilemos. Es lo que todos queremos, ¿pero no será así menos divertido e intenso? ¿Por qué nos descalzamos en la playa y nos gusta sentir las piedras masajear las plantas de nuestros pies? Hoy toca brindis por los baches, que nos hacen más fuertes. Y por el viejo Einstein. ¡Salud!
La carretera
Compartimos carreteras, caminos de vida que nos llevan siempre adelante, sumando kilómetros y minutos a nuestro gran viaje. Vimos pueblos, ciudades, desiertos y bosques; valles, ríos, lagunas y montañas; compartimos deseos, brisas, lluvias y baches. Pero nunca dejamos de pisar el acelerador. Ni de disparar el obturador. Hoy estamos aquí, pero volveremos a la carretera.
La ventanilla es un buen lugar por donde sacar la cámara. Si me hubiera dormido, me habría perdido estampas como estas.
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Todas las fotografías de esta entrada se tomaron en un coche en marcha.
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