Con los pies en la tierra
![HEC_0049-BN [La Retina (vertical)]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2011/11/hec_0049-bn-la-retina-vertical.jpg?w=389&h=581)
Robustos, seguros y firmes; los pies de los árboles son sus profundas raíces. Icebergs de madera que les mantienen por siempre seguros y a salvo hasta el día de su muerte. Inamovibles y preparados para casi cualquier contratiempo. Años, décadas e incluso siglos pueden pasar sin que los más longevos ejemplares achaquen ningún contratiempo en su estabilidad. Sólo en España hay catalogados varios ejemplares de tejos, encinas, robles y olivos milenarios. Pero uno prefiere sus débiles y pequeños pies, inseguros y a ratos torpes, que van tropezando casi a cada paso, porque con ellos no sólo se aprende el valor de cada paso, sino el sabor de cada caída. Porque vivir clavado en la tierra es maravilloso si enriquecemos con nuestra vegetal presencia un bosque, pero resulta inútil si sólo somos seres humanos. Por eso prefiero seguir tropezando y aprendiendo, no para vivir mil años, sino mil deseos.
La magia del otoño en Aranjuez
This slideshow requires JavaScript.
No quería despedirme de octubre sin pasear por entre sus hojas secas, entre colores humildes sin pretensión de primavera, entre fogonazos de ocres fundiéndose con tonos imposibles, entre árboles majestuosos que susurran al solitario caminante, que hablan con el aire y se mecen con su viento. No quería perderme el tardío llegar de un otoño especial, y me perdí esta tarde en la que todos se quedaron en casa. Y paseé entre ardillas traviesas que jugaban a no verme, saltando de un lado a otro, mostrándose y ocultándose como fantasmas reales que aparecen y desaparecen a su antojo. Y vi un mágico juego de luces y sombras con nubes que iban y venían, como grandes manadas de ovejas descarriadas, que chocaban, se desvanecían y se quemaban con el sol, iluminándose por dentro como lámparas maravillosas cargadas con genio y deseos. Tanto me entretuve disfrutando del último día de octubre que el sol desapareció de repente y una plomiza lluvia estremeció el bosque. Quizá esté empapado de naturaleza y agua, pero sé que valió la pena salir hoy de casa.
Demostración empírica de un boceto autodestruido
Voy cayendo sin control, ladera abajo, rebozando de barro y piedras este cuerpo mortal que se niega a morir. Me dejo vencer por la inmisericorde gravedad. Soy la manzana de la humanidad abollando su piel en caída libre. Soy la prueba empírica que desobedece fórmulas y teoremas. Prácticamente soy una teoría abstracta. Teóricamente soy un cero a la izquierda. Un boceto inacabado que se autodestruye antes de haber nacido. Y caigo, y caigo, y caigo… Y en mi caída precipitada no siento nada. Y en mi caída rodada la Tierra deja de girar. Mido el eje sobre el que doy vueltas. Pero varía a cada giro. Falla la teoría; otra vez. Sólo al chocar contra una gran piedra, que detiene el experimento físico sin premeditación, todo tiene sentido. Tumbado en el suelo, sintiendo en el pecho una gran bomba explotar una y otra vez, recuerdo que no existe la gravedad. Somos bombas que explotan, flotando en medio de un mar negro de estrellas cuya existencia nadie conoce más allá de un año luz de nosotros. Llevamos siglos dudando de su existencia, pero quizá sean “ellos” los que realmente dudan de la nuestra.
Siento la espalda destrozada. Las piernas estiradas, llenas de moratones. Ambos zapatos han salido disparados; estoy descalzo. Los brazos, inertes, abiertos en cruz. Soy una gran cruz tirada en el suelo. No me puedo levantar. El cielo es un techo demasiado alto para pintarlo esta noche. Alcánzame una escalera o tendré que volver a ver cómo se va apagando poco a poco, con su infinita luz negra de estuco brillante. Ladeo la cabeza y me sorprende el sol, como un dios olvidado por una Iglesia demasiado prepotente, yéndose sin hacer ruido, por entre las ramas de un árbol seco que parece saludarme con un corazón resplandeciente. Quizá sea sólo un delirio. Al menos sé que esta tarde no he caído: he ascendido sin darme cuenta. Este boceto tiene que terminar de autodestruirse para poder volver a nacer.
Quizá mañana ya no recuerde nada.
Otokalakatubik
Hace tiempo que la caja tonta y yo nos declaramos la guerra abiertamente. Acordamos que yo no volvería a blasfemar contra ella si ella dejaba de ponerme enfermo; así que desde aquel lejano día casi ni nos saludamos. Ambos estamos mejor así. Pero si tuviera recordar algo que me hiciera echarla de menos, a mi mente regresaría aquella mítica, desconocida y minoritaria serie llamada “Doctor en Alaska” (Northen Exposure, en realidad) que tanto marcó tanto mi infancia como mi forma de pensar . Fueron seis temporadas de capítulos de tres cuartos de hora cada uno sin efectos especiales, sin una súper producción millonaria, sin actores reconocidos, sin guiones comerciales ni sexo “porque-sí-todos-con-todos-sin-venir-a-cuento”. El resultado fue una audiencia más bien modesta en España (típicamente rellenaba las horas de madrugada de La 2 en los veranos), pero exitosa en Norteamérica, donde aún quedan seguidores que, pese a llevar más de una década cancelada, aún veneran esta serie con encuentros y escapadas al campo, recordando los episodios y la forma de vida de los personajes. Y es que quienes nos enganchamos a esos locos chalados pueblerinos de maravillosas costumbres, exquisita filosofía de vida, inmensa bondad y honestidad… Quienes supimos degustar esos guiones cargados de mensajes y sarcasmos, esas rocambolescas situaciones aparentemente cotidianas salpicadas de la magia de la más pura inocencia, esa naturaleza desbordada en escenarios únicos y entrañables, esa total falta de complejos, esa carencia de prepotencia ni intenciones ulteriores ocultas… Quienes aún recordamos al doctor Fleischman y todas sus aventuras en una tierra aparentemente lejos de todo el mundo, incluso de la cordura… Todos nosotros, cuando la televisión nos vomita a la cara alguna estupidez (algo bastante corriente) aún tenemos la adicción de visionar los DVD de todas las temporadas, rescatando algún pensamiento olvidado, alguna lección de honestidad, algún resquicio de humanidad.
Otokalakatubik (también conocida como “la Vieja Vicky”) era el árbol más viejo de Cicely, el pueblo imaginario perdido en Alaska donde se desarrolla la acción. Un mal día descubren que está enfermo, y no tarda en aparecer el cacique de turno para talarlo y construir en su lugar. Esta es la escena culminante de un episodio inolvidable. Es maravilloso cómo luchan por el árbol como si fuera un ser humano, cómo velan el tronco como si fuera un cadáver, recordando lo que vivieron juntos, y cómo finalmente el arrepentimiento se apodera del déspota cacique. Es más que probable que a muchos le resulte insulso, lento, aburrido y vacío; los años 90 tenían series carentes de mercadotecnia y adolescentes de plástico, pero rellenas de un contenido que hoy es difícil apreciar… y de encontrar.
Hay muchos “otokalakatubiks” que no tuvieron tanta suerte y hoy ni siquiera son recordados. Ojalá nos demos cuenta de una vez de que no sólo nosotros estamos vivos.
Ojalá que disfrutéis con el vídeo. Si os hizo sentir algo, probablemente habrías sido un buen ciceliano.
Bufón
![_DSC0234 [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/06/dsc0234-la-retina.jpg?w=950)
Todos los superhéroes han muerto. Nada es lo que parece. Quiero ser lo que no aparento. No aparento nada. Quiero serlo todo, pero en realidad no soy nada. Quise ser el centro del universo, pero a penas ilumino mi propio camino. Quise ser lo que no soy, pero me olvidé de mi estupidez. No intentes fingir; sé que me odias. Odio el sabor de tu verdad. Odio saber que tienes razón. Odio ser el bufón que no tiene gracia. Odio no haberme quedado en silencio. Odio tener que odiar. Odio tener que odiarme.
Volveré a ser como antes. Volveré al silencio. Volveré a la nada. Volveré a pasar desapercibido. Volveré a ser el ser inanimado que ni habla ni molesta, segado de brazos y cuello. Como un árbol muerto.
Porque todos los superhéroes han muerto hoy.
Cicatriz de otoño
De la primavera me quedé con tus flores salvajes, la suave caricia de tus pétalos recorriendo mi pequeño cuerpo, mimosa y juguetona, coqueta y traviesa, dejándote llevar por el aroma embriagador de lirios, rosas y jazmines.
Del verano que quedé con tu cálido aliento besándome lentamente los labios, la cairicia del sol tras atravesar un cielo limpio y despejado, estampándose contra dos cuerpos desnudos, aquella noche mágica salpicada de estrellas, aquella vía láctea pintada de secretos que sólo tú y yo guardamos, la promesa eterna de mirar la Luna por siempre como dos enamorados.
Del otoño me quedé con la cicatriz de amor que me grabaste con el filo de tus besos sobre mi piel marchita.
Y del invierno sólo recuerdo el frío aterrador de tu ausencia, esperando pusilánime la llegada de la primavera para volver a disfrutar del aroma de tu efímera existencia.
Música
No estés asustado; todo lo que ves es tu imaginación. Todo lo que sientes es tu vida. Vuela.
Suena un piano de agua meciendo el aire con vibraciones improvisadas. Cada nota despertada de ninguna parte se cuela en mis oídos. Sabes que me has dado en mi punto débil. Ojalá pudiera vivir eternamente para escuchar tu canción sin letra. Ojalá pudiera morir cuando quisiera para burlarme de la muerte. Sólo para reírme de ella. Sólo para jugar con el tiempo; un segundo, sólo un segundo. Y volver a vivir; porque el sentido de la vida es vivirla. Y buscar otra cosa… no tiene sentido.
Amancillo el silencio con el ruido de mi corazón. Late acompasando el alma de tu voz. Hasta la laguna ha contenido la respiración. Ni partituras ni pentagrama; ni ritmo ni jaulas. Eres libre. Música libre que derribas los absurdos muros de fronteras estúpidas y alambres de espino. Tú no necesitas pasaporte ni papeles. Ni los tienes ni los quieres.
El piano se ha transformado en gaita. Y ahora en flauta. El agua danza contigo como en un vals cristalino. Grises y blancos, colores escondidos. Dejan todo el protagonismo al oído. Termina ya la actuación descarrilada y la ovación de un público ausente jamás sonará. Tan sólo quisiera poder dedicarte unos versos, pero ni tengo pluma ni talento. Así que sonrío y, con la rama de un árbol dormido, escribo sobre el agua mi declaración de amor en secreto y efímero documento:
“Y como yo no sé bailar, prefiero mirarte.
Y como yo no sé cantar, prefiero besarte.
Para terminar así, eternamente, al fin:
con mis dedos enredados en tu pelo,
y tu pelo ondeando salvaje en el viento,
y salvaje un beso de despedida en tus labios,
y tus labios queriendo decir ‘te quiero’.”
Los árboles tienen ojos
Si alguna vez vas caminando solo por el bosque y te sientes observado… quizá sea porque realmente te estén observando.

![HEC_0022.BN [La Retina (vertical)]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2011/03/hec_0022-bn-la-retina-vertical.jpg?w=950)
![HEC_0008 [La Retina (vertical)]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2011/01/hec_0008-la-retina-vertical.jpg?w=950)
![_DSC0044 [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/07/dsc0044-la-retina.jpg?w=950)
![_DSC0214 [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/07/dsc0214-la-retina.jpg?w=950)
![_HEC00180001 [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/05/hec00180001-la-retina.jpg?w=950)
![_HEC0010 [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/05/hec0010-la-retina.jpg?w=950)
![DSC_0134 [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/04/dsc_0134-la-retina.jpg?w=950)
![_HEC0030 [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/04/hec0030-la-retina.jpg?w=950)
![Eclipse [La Retina]](http://laretinadecristal.files.wordpress.com/2010/03/eclipse-la-retina.jpg?w=950)