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Búscate un amigo

“No es preciso que sea perfecto; basta con que sea profundamente humano, que tenga sentimientos y un gran corazón. Que sepa compartir dolores y alegrías, hablar y saber callar. Sobre todo, saber escuchar y guardar un secreto. Tiene que sentir los días tristes y respetarlos. Saber renunciar en favor de alguien. Tener un ideal y, en caso de no tener, sentir el gran vacío que esto deja. Sentir pena de los que tuvieron y perdieron cosas queridas. Ser Quijote sin menospreciar a Sancho.
Búscate un amigo para pasear, disfrutar de la naturaleza, deleitarse con la música, leer… Sentirse un ser humano. Búscate un amigo que se entristezca con la separación, que quede conmovido, y con todo el corazón desee nuestro pronto regreso. Que se conmueva cuando sea llamado amigo. Búscate un amigo para no enloquecer, para poder contarle lo que se vio de bello y de triste durante el día, de los sustos, de las tristezas y de las alegrías. Un amigo que sepa conversar de cosas simples, del rocío, de la lluvia, el sol, las estrellas y de los recuerdos de la infancia. Búscate un amigo que no tenga miedo de decirte un defecto; y cuando lo haga, que sepa cómo hacerlo. Búscate un amigo que crea en nosotros, que nunca jamás sea irónico. Que nos sepa defender, de corazón libre y con toda franqueza, cuando somos atacados.
Búscate un amigo para tener la conciencia de que todavía vives.
Por favor, búscate un amigo.”

Anónimo


Las personas adecuadas

A comienzos de 2010 dos buenos amigos decidieron emprender su propio viaje. Y se marcharon. Comprendí entonces que tardé demasiado tiempo en dejarles entrar en mi mundo. Siempre he sido muy desconfiado con la gente, un sentimiento que aumenta con los años, pero que ellos no se merecían. Demasiados golpes en el pasado hacen que el corazón se enfríe, endurezca y acorace. Quizá así nos perdemos grandes amistades; quizá así las verdaderas son las que perduran. Sea como sea, en una de las etapas más inestables de mi vida, ellos lograron colarse en mi mundo poco a poco y casi sin darme cuenta. Y ahí siguen. No es por echar la vista atrás, sino por lanzarla hacia delante; ahí es donde realmente están las personas que merecen la pena, aunque desde el presente no lo sepamos aún. Las del pasado, pasaron; y el valor que tuvieron sólo queda en el recuerdo. Pero hoy, sin un motivo especial, sólo valoro lo que tengo.


Amistad

…Y si algún día no tienes fuerzas y el viento te derriba, yo estaré allí para sostenerte.