Personajes

Equilibrio

¿Cómo se hace para guardar a diario un equilibrio tan perfecto y sencillo, y regalar al mismo tiempo sonrisas tan naturales a un perfecto desconocido? Sigo buscando, aunque en el intento, y como un idiota frente a semejante demostración de talento, se me caiga al suelo la tapa del objetivo.


Fin del camino

“Se acabaron las palabras. Se rompieron los espejos desangrando la verdad. Algo se quebró dentro de mi y no hay vuelta atrás. Yo me iré. En el último minuto todo puede suceder. Decir adiós antes de que se aproxime el final. Yo me iré. Hoy palpita extraño mi corazón. Y decir adiós antes de que se aproxime…”

Es hora de cerrar los ojos. ¿Para siempre?


La voz de Eco

Soy como Eco, repitiendo eternamente sus palabras, buscando una respuesta que nunca llegará; buscando mi propia voz que nunca escucharé. Soy como Eco, escondida en cuevas perdidas, viendo su silueta reflejarse en el limpio espejo de las aguas del estanque, queriendo apartar sus ojos de su propia imagen. Pero no puedo, y avergonzada me escondo en bosques verdes, por entre troncos altos y esbeltos, admirando la soberbia belleza de quien tuvo y nunca tendrá, porque de parsimonia se ahoga entre la indiferencia de un pedestal demasiado alto, demasiado frío, demasiado irreal.
Y le abandono antes de que su caída mortal levante un estruendo en el bosque, resquebraje su cuerpo de mármol en mil pedazos y se hunda en el estanque medio vacío de agua, pero lleno de orgullo mortal. Yo seguiré repitiendo las últimas palabras del viento, pero buscaré otra boca que invente lo que mi boca pronuncie, y eternamente me miraré en su espejo, donde será mi propio reflejo el que contemple.
Puede que yo nunca tenga mi propia voz, pero al menos no estoy muerto.


Compañeros

Les debía algo. Les debía algo porque cuando salieron a tomar las calles de mi ciudad no pude acudir a la cita. Quería ir, pero me fue imposible. ¿Qué mejor que resarcirme de la mayor manera posible? Así que ahí estuve (ahí estuvimos) con ellos. Soportando el insufrible calor en el sobresaturado tren, los apretones y empujones, las carreras y escapadas… Y aunque en realidad no vivamos su calvario en primera persona, por un día fuimos compañeros de trabajo, de calle y de cánticos. Nosotros fuimos Unilever por una vez, pero no será la última. Luchamos por sus puestos de trabajo, por los nuestros, por los que no lo tienen e incluso por los que no estuvieron y les echamos en falta. La palabra “compañero” es demasiado grande para entenderla si no se vive desde dentro. Quizá por eso no todos salieron a la calle ni cerraron sus comercios. En mi ciudad, tampoco: los establecimientos donde compramos a diario, los puestos del mercado, las tiendas “de toda la vida”… estaban casi todas abiertas. Quizá a ellos esta “contra reforma” no les afectara tanto como a los obreros, pero necesitábamos su apoyo. Y no lo tuvimos. Luego nos pedirán apoyo al pequeño comercio. No se lo negaremos, porque no somos rencorosos, y porque creemos en ellos y sabemos que son necesarios para la sociedad (igual que nosotros). Seremos, como siempre y para siempre, “sus” clientes. Pero que nunca, jamás, se atrevan a llamarnos amigos o “compañeros”. Perdonamos, pero no olvidamos.

Esta va por vosotros, COMPAÑEROS.

Facebook de apoyo a los trabajadores de Unilever Aranjuez: “Unilever quiere trabajo”

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El injusto momento

Jamás entenderé ese injusto momento en que una persona se convierte en recuerdo. Sobre todo si llega demasiado pronto.

Hoy nada tiene sentido.

Hasta siempre, Adeli.


Pescando fotos


 

Dicen que quien va a pescar lo último que quiere es un pez. Nunca he pescado. Y aunque siempre me ha llamado la atención esta actividad, el hecho de atrapar animales vivos por simple placer (aunque luego se devuelvan sanos y salvo al agua) siempre me echa para atrás. Pero la actividad en sí resulta cuanto menos llamativa: horas en una barca, en una orilla, en una margen de un río solitario, en silencio. Los pescadores lanzan su anzuelo al agua y esperan que alguna presa inocente pique. No van a por ella, esperan a que ella venga. Mi cámara y yo también nos agazapamos, nos camuflamos, en silencio, esperamos y esperamos, y muchas veces también dejamos que sean las presas las que aparezcan. Me doy cuenta de que, en realidad, nuestras actividades tienen bastantes puntos en común: se precisa paciencia, mucho tiempo y la predisposición a saber que no todos los días llevaremos algo interesante a casa.
Esta tarde de llovizna sobre la laguna he visto a varios pescadores con menor y mayor fortuna. Uno tira constantemente el anzuelo al agua, rompiendo su superficie en mil cristales, buscando un mejor sitio donde buscar presas. Yo he hecho lo mismo a la caza de encuadres diferentes, originales, interesantes… Cuando recojo mis bártulos para regresar al coche que me lleve a casa, una barca con tres jóvenes pescadores a bordo se desliza sobre la calmada laguna. Las diminutas gotas de lluvia parecen mosquitos sobre la superficie lacustre, como pequeñas bombas que estallan dejando puntos claros, acrecentados por esta tarde oscura de nubes sin sol. La estela de la barca me llama la atención, como un cohete que surca el agua con elegancia. Les disparo una y otra vez, buscando el mejor encuadre, pero tal es el silencio que reina en el ambiente que el ruido del obturador de mi cámara les alerta. Me han visto. El del centro deja de remar y avisa a sus compañeros, que se giran. Me saludan y, sonrientes, me enseñan su captura.

 

 

Sin saberlo, han sido predadores y presa al mismo tiempo. Sonrío y vuelvo a casa limpiando la lente de mi cámara, como un anzuelo que esta vez ha funcionado.

 


Un maestro

Aún quedan sabios y genios vivos. Lástima que sus palabras no estén de moda.

“El miedo es mucho más fuerte casi, desgraciadamente, que el altruismo, que el amor, que la bondad.”
“Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor.”


Difuminarse en el olvido

Quisiera haber inventado esta escena en blanco y negro para una película con sabor a historia. Quisiera haber escrito el guión, dando papeles y vida a personajes de la nada, crearles un mundo sobre el que correr, soñar, sufrir y pensar. Quisiera haber llenado páginas y páginas relatando situaciones, conversaciones, historias e histerias, empaquetarlo en un libro con principio y final. Quisiera que esta madre y su pequeño retoño sean pintura, acuarela, óleo o pastel, ponerle un marco y firmar en la esquina. Quisiera transformar sus siluetas en notas de pentagrama y músicas inéditas. Quisiera haber sido el herrero que sometió con fuego y paciencia la puerta que se abre ante nosotros, con retorcidas y precisas formas, con funcionales y elegantes figuras estéticas. Quisiera haber sido el arquitecto que levantó piedras, losas y ladrillos que le sobrevivieron para recordarle por siempre, pues por siempre su pequeño gran hijo de columnas, peldaños, ventanas y vigas será utilizado y conservado, y más aun admirado, por ser el eterno caballero del tiempo que atraviesa siglos sin quedar nunca obsoleto, mas ganando elegancia.
Quisiera tener algo que ver en esta escena encontrada. Quisiera haber creado, inventado, soñado o imaginado, pero sólo soy un estúpido cazador de realidades que aprieta un botón y se difumina en el olvido como las tenues sombras estampadas en el suelo.


Mi pequeña nube de papel


Hemos visto universos que nadie creería. Hemos andado caminos que nadie se atreve a pisar. Nos hemos reído de las piedras por las que nos advirtieron. A veces nos equivocamos; otras, no. Hemos contemplado amaneceres y ocasos con la misma luz en nuestros ojos. Hemos volado mientras los demás tocaban fondo; y nos hemos ahogado en más de un fondo, bebiendo y viviendo las amarguras de la vida, recomponiéndonos siempre desde cero hasta alcanzar cientos de besos en los bolsillos del tiempo. Hemos corrido tan rápidos como los rayos estrellándose contra el horizonte. Hemos parado a descansar sin romper nunca nuestros lazos que, visibles o no, siempre nos han mantenido unidos a lo largo de los años, a lo largo de las distancias, a lo largo de los dedos de nuestras manos. Hemos creído en nosotros, porque nosotros éramos lo único que nos quedaba. Y nos quedan tantos motivos para seguir juntos que nada ni nadie podrá jamás saber lo que sentimos, pensamos, creemos o soñamos.
Esta tarde de invierno extraña, quieto en mi casa, a solas, en silencio, escucho en mi cabeza sus dulces palabras rebotando en mis entrañas. Y comprendo que sólo ella puede adivinar lo que siento mirándome a los ojos. Sólo ella escucha las palabras que no dejo nacer. Sólo sus defectos se convierten en virtudes que echo en falta cuando no los tengo. Y si nadie lo comprende, qué me importa. Sólo nosotros tenemos el valor de apreciar nuestros propios errores hasta convertirlos en éxitos. Porque ella siempre será mi pequeña nube de papel; el coraje, la furia, la belleza, la melosidad de su sonrisa estampada en mis labios… Ella, sal y azúcar en mi boca, que hace fácil lo difícil, que convierte nuestro mundo en el más cómodo del universo, cuya compañía es fresca, inocente, alocada, infantil a ratos, madura cuando se requiere… Ella y nadie más que ella, porque si fuera otra persona no me valdría. Ella, mi pequeño desastre animal; mi pequeña estatua de sal; mi pequeña esquimal; mi salto vital. Ella, mi afortunado error. Ella, mi “trasto” sin remedio, a quien quiero ver cuando no quiero ver a nadie.
Ella sigue creyendo en mí.

Y eso basta para dejar de pensar y hacer sonar al corazón.

Esta va por ti:


Un paje muy especial…

…os desea Feliz Navidad: el excepcional piloto de Fórmula 1, Fernando Alonso. Dijo que iba a ir de rey mago, pero al final se presentó sin corona, así que le podemos considerar el paje más rápido del mundo. Sin corona en la cabeza, pero con dos campeonatos mundiales en su haber. Un genio.

Feliz Navidad.


Charly

Dicen que tocó casi media hora en Aranjuez, Madrid, y que el público se lo pasó en grande. Dicen que la gente le aplaudía, le vitoreaba y le grababa con las cámaras de los móviles. Dicen que su música animó, cautivó y emocionó a partes iguales. Lo dicen y me lo creo, aunque yo no estuviera presente porque tenía turno de noche y me perdí su actuación. Pero quizá dentro de algún tiempo, cuando sea famoso, alguien pregunte por él; entonces podré responder: “Es un gran amigo mío.”
Enhorabuena, “Charly”.


Hasta siempre, David

Hasta siempre, compañero. No olvidaré los días que me regalaste, tus bromas y calidez.

David Bedford, 4 de agoasto de 1937 – 2 de octubre de 2011.

D.E.P.


Feliz cumpleaños

Felicidades, Mike Oldfield.


El abuelo de madera

Viendo a sus nietos, verdes y radiantes, crecer libres a sus pies.


Somos siluetas

Nuestros recuerdos se niegan a abandonar este mundo para formar parte del olvido. Perdiendo el color de la niñez, se convierten en siluetas inmóviles que nunca descansan. Y por muchos años que nazcan, seguirán enraizados a la tierra sobre la que amaron, soñaron, rieron, tiritaron y murieron. Porque nuestros recuerdos nos recuerdan que, con suerte, nosotros también seremos la silueta del sueño de nuestros hijos. ¿Qué mejor lugar donde pasar la eternidad?


Ganar o perder

Este año, cuando el invierno llegue con su pesado frío, se cumplirán quince años desde que me partí la rodilla siendo aún un niño. Las tres operaciones posteriores no sirvieron para terminar de arreglar una compleja articulación que, desde entonces, dijo adiós a cualquier actividad física que no fuera natación o ciclismo. En aquel diciembre de 1995, mis jóvenes y pequeñas alas se cortaron de cuajo. Hasta entonces, ya había probado el fútbol, el baloncesto, el tenis, el badminton y hasta el ping pong. Y, aún así, no me sentía “deportista”. Porque, para mí, todos aquellos juegos no eran más que eso: juegos. Jamás me planteé ir más allá que apuntarme en el club del cole del barrio para jugar después de las clases, o inscribirme en el de tenis siendo un niño para poder acceder a las pistas los viernes, o a las clases de ping pong para usar el polideportivo cada jueves por la tarde. En realidad yo no quería competir, ni jugar ligas… Era demasiado tímido y mi sueño no era ser deportista profesional. ¡Era sólo un juego! Aquellas tardes eran fantásticas: juegos, diversión, amigos… Me lo pasaba en grande. ¿Por qué estropearlo compitiendo en serio? Nunca me enfadaba si perdía; nunca lloraba si llegaba el último; nunca le pedía revancha al adversario… porque me había brindado un gran momento de diversión. Y eso nadie me lo ha quitado, aunque llegara el último.
Hoy no puedo ni echar una carrera por culpa de mi rodilla. Y veo a esos deportistas profesionales ganándose la vida jugando. Y pienso: qué suerte tienen. Pasa a mi lado un grupo de escapados de una vuelta ciclista regional. El calor es insoportable, pero ellos van tan concentrados que ni me ven. Quieren ganar; para eso se han esforzado, han entrenado, luchado y sufrido. Y entonces comprendo que la vida es tan compleja que cada uno la vive a su manera. Es mejor, entonces, no pretender ser más ni mejor que nadie. Ni pretender que lo que yo veo como una diversión sea sólo un juego para otros. Porque ganar o perder puede tener significados diferentes según quien juegue a nuestro juego.


Tiempo de crisis

Tiempo de crisis.

 


Remar

Cualquier día el sol no parecerá el mismo que ayer se colaba por la ventana. Tengo que salir de aquí. No hay camino, sólo agua. Agua y más agua. Si hay fondo sólo lo saben los peces.
Todos los errores que cometí. Todas las tonterías que dije. Todo lo que cambiaría de mi vida. Todo lo que borraría de mi pasado. Todos los besos que no te di. Todas las estúpidas dudas que me hipotecaron la ilusión. Todo el miedo de mí mismo. Todo lo que no soy y nunca seré…

Todo quedará atrás si algún día decido remar.